Existió una gran revelación en esta última salida de la isla, esta vez a ver cómo estaba el ambiente futbolero en mi país de origen. Como siempre, fue un gran viaje, lleno de experiencias culinarias y buena vibra. Pero me volvieron a decir de todo menos lo que quiero ser. Vuelvo a recordar las palabras del gran Facundo Cabral, que no soy de aquí ni soy de allá. Chileno fue la última adquisición nacional, que, aunque esta vez fue por efecto rebote, ya que era ella quien estaba hablando y la pregunta de la vecina chismosa fue con un “ustedes”. Así que, de ese modo, ahora sigo siendo de otro lugar que no es el mío.
Pero todo eso me tiene sin cuidado, porque al ponerme la camisa que ella me regaló, al estar en ese lugar con las personas que amo y adoro, al saborear todos esos manjares que hacen cerrar los ojos, vuelvo a ser de ahí, aunque mi voz diga lo contrario.
Al estar acá, tampoco soy de acá, ni me interesa serlo. Me gusta la playa, me gusta la música autóctona, me gusta ella y estoy aquí porque tengo a mi hijo, pero no soy de aquí y la gente lo sabe al verme o al hablar. Entiendo que existe gente con distinto nivel de conocimiento. Me lesioné el brazo, codo, músculo o algo dentro del izquierdo que no ha mejorado desde hace más de un mes. Terminé yendo al doctor porque el dolor continúa y me inhabilita en ir al gym y usar mis clases ya pagadas que me están guardando. Esta segunda visita, la doctora tiene una ayudanta ahora, que al yo decir una palabra se atrevió a preguntar si soy argentino, de dónde esta persona saca que soy argentino ¿que no me ve? Creo que eso fue peor que cuando me dijeron peruano.
No sé que pueden tener esos latinoamericanos que se mueren y les agrada lo argentino, no lo comprendo. Pero, ahora que hay mundial, logra incomodarme grandemente. Si ganan me molesto, si van perdiendo, me pongo sumamente feliz, tan feliz que todas mis enfermedades desaparecen por unos minutos. Al darme cuenta de estas afecciones luego de ver el robo más grande de la historia a Egipto, entendí los efectos que tienen en mi y lo superé, eso no quiere decir que voy a apoyar a un equipo que no quiere ser latinoamericano, eso quiere decir que me seguiré alegrando de decir “cualquiera menos Argentina” y cuando la FIFA siga ayudándolos para que salgan campeones como el mundial pasado, seguiré sintiendo ñáñaras en mi sistema linfático pero que al momento de apagar el televisor, todo vuelve a la normalidad.
Ya no me importa no ser de aquí ni ser de allá. Mi corazón sabe lo que tiene que saber y siente lo que tiene que sentir. Ni de aquí ni de allá, ahora soy del mundo, y puedo ser del mundo completo, como dice mi hijo, soy de Japón, ahora de Portugal, ahora soy puertorriqueño, pero mañana que juega España soy Lamine Yamal y hoy no me quito el traje del equipo de México. Así como él, acepto ser un ciudadano del mundo, de cualquier lado menos de Argentina.
YO