“Tú estás fuera del equipo, ni cuando se vaya todo el mundo de el recreo vas a estar en el equipo. Firma: Yo, e otro y ella” Esta fue la carta que niños le enviaron a mi hijo en la escuela. Lo sacaron del grupo.
Papá, voy a llevar la carta, porque la van a cambiar, ahora va a decir que estoy en el equipo. Eso fue lo que me dijo. Cuando me contó que los niños no querían jugar con él porque no sigue instrucciones y que se iba a las bancas a llorar un poco y que me extrañaba mucho cuando era mi semana o a su mamá cuando era la suya, me dio un cosito en el pecho.
Lo primero que le dejé saber fue que no es culpa de él, que a veces los niños más grandes quieren su espacio y como adulto le hice recomendaciones de que se pusiera a jugar el sólo y que iba a ver cómo los otros niños iban a ir a jugar con él porque él no necesita de nadie. También le dije que él podía crear su propio equipo y que no le importe los otros niños si no quieren jugar con él.
Papá, por suerte me aceptaron en el equipo de nuevo. Estoy aceptado cuando se vaya la niña, entonces entro yo. No sé cuántas veces le repetí que eso no debe ser así, que es un niño genial y que no merece eso. Pero de nada ha servido. Él, como todo ser humano quiere ser aprobado por sus compañeros, quiere pertenecer a un grupo, quiere formar parte de un grupo social. Aunque los niños no lo quieran invitar a sus respectivos cumpleaños, aunque no quieren por días jugar con él, el quiere estar ahí y pertenecer.
Uno de adulto encuentra formas de resolver lo que le esta pasando si le pasara a uno, pero él, que es un niño, solamente quiere ser aceptado por esos niños, por “sus amigos”. No logra entender lo que yo le estoy diciendo, lo que le estoy explicando. No puedo imaginar lo doloroso que puede ser que le llegue una carta así a un niño tan pequeño, y yo, como padre, querer protegerlo de tanto dolor. Pero la verdad es que, eso forma carácter, trauma seguramente, pero carácter también. De algún modo le va a ayudar a desarrollar resiliencia, a poder manejar su frustración, a resolver problemas y resolver conflictos. A saber, cómo se debe seguir ciertas reglas para pertenecer a un grupo.
Fue un tanto sorprendente saber lo que mi hijo estaba viviendo, pero fue aún más ver qué él siente que las migajas que le dan de amistad son mejor que no tener amistad alguna. Nadie aprende por cabeza ajena, y menos puedo esperar que un niño de siete sepa darse a respetar como ser humano, pero bueno, lo único que puedo hacer es estar ahí para él para cuando tenga mucha más edad y me pida consejo, porque quien no oye consejo, no llega a guapo.
YO
