Una punta inesperada

No lo demuestra, es como su papá en ese sentido, luego de no saber que hoy era día de evaluación para colocar una nueva punta, al final mencionan su nombre. Pasa al frente y le dan la punta azul, esta significa que hace buen esfuerzo y patadas. Llega frente a mí, yo emocionado por él y la veo, veo una pequeña sonrisa casi clandestina que aparece en su cara, que deja escapar, así como que no quiere la cosa.

Lo vi desde el inicio de la clase, él ha compartido poco tiempo con mi prometida, pero aun así se le pegó la competitividad, la trae por dentro. Siempre está volteando para ver a los demás y sentirse bien consigo mismo cuando se da cuenta que él lo hace primero que todos. Algo que le he dicho que es mejor que lo haga bien a que lo haga rápido, pero por alguna razón eso le encanta.

Por la tarde, antes de la clase de artes marciales, estaba preparando la comida y me dice, papá yo hago el arroz. En mi meta de nacionalizar mi léxico a uno más local le contesté, Claro que sí mijo, métele bellaco. Caí en cuenta en el infructífero deseo de boricuarización de mis palabras. El darme cuenta de esa meta impuesta desde el inicio que me casé, porque pues ya iba a estar definitivamente aquí por el resto de mi vida, me doy cuenta que no hay forma de que entre así de forma orgánica.

No me importó la falla de a similitud de la cultura, porque hoy tengo una razón de más peso para estar feliz, mi hijo se ha dado cuenta que puede lograr cosas, ponerse metas y lograr hacerlo cuando trabaja y se esfuerza. El sensei me habló de lo bien que lo está haciendo y que en junio que haga el examen del cambio de cinta, hablaremos de algunas alteraciones o modificaciones a lo que ahora está pasando. Se va a un grupo más avanzado, me pasaron el chisme. Hoy, duermo con el pecho inflado y una sonrisa en mi imaginación, porque eso de expresar cosas, como que no es lo mío.

YO

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