… que se volvió existencial

¡Ay! ya fue el último día de clases, terminó primero y pasó a segundo. En un abrir y cerrar de ojos ha cambiado mucho y poco a poco se va viendo la esencia de ese ser humano que está en formación. Llevaba semanas planificando un día con su amigo, que yo le daba por su lado y en realidad no lo tomaba mucho en cuenta. Fue tanto la insistencia que le dije un día antes que yo no tenía claro si su mamá o papx’ sabían de este plan y que había posibilidad de no tenerlo porque a lo mejor nadie estaba enterado de esto. Resulta que hoy fue día de playdate y de hacerme cargo completo de todo el asunto logístico de comida, paseo, postre y hablar sobre las posibilidades de juegos que podían realizar. Todo ha sido un tanto estresante y cansado, tomando en cuenta que ayer no dormí muy bien, que hoy tampoco trabajé, además que hay una mierda grande con un municipio y parece que viene una llamada de atención porque le fueron con el chisme directamente al jefe y le dijeron de mi poca agilidad para resolver el problema que tienen. Algo hay en el ambiente, algo pasa con mi ser que este agotamiento me tiene la cabeza piense que piense a un nivel que no había tenido en mucho tiempo. Quiero que se vayan todos, quiero ir a comprar pique y papas y continuar manteniendo mis 155 libras perpetuas tirado con mi hijo viendo televisión. Utilizar esa herramienta o mejor dicho, la nueva niñera para que me permita descansar, tirarme por unos minutos mientras mi hijo está embobado ahí perdiendo unas cuantas neuronas. Por suerte es pequeño y aún está produciendo más.

Prefiero eso, tirarme con él, porque estoy seguro que puedo convertirme sin lugar a dudas en un mafutero profesional, uno de esos que sacan el fili y lo prenden viendo como el humo sube. Haría eso sin ningún problema en este momento. El inconveniente ahora mismo son tres, mi hijo, el uno y el otro. De otro modo, mi casa apestaría al olor de lucifer y yo me pondría bien locochón con mis tres cachás… de eso tengo ganas.

En ese momento pondría echarme unas papas y luego pensar en el origen de la papa, quién la inventó, en qué año nació la primera ¿será que las papas conocieron a los dinosaurios? ¿Serán tan viejas? ¿De esa edad? Pero el pensamiento más importante dentro de mi loquera mariguanera sería algo como esto: los chinos todos son igualitos. Cuenta la leyenda que un chino de Japón le pregunta al Maestro Chan ¿Por qué todos los de esta región del planeta somos tan parecidos, maestro?. Él se le queda viendo extrañado moviendo la cabeza de un lado a otro y le dice, Yo no soy el maestro Chan. De este modo queda comprobado que ni ellos se distinguen. Entonces, mi pregunta de seguimiento sería ¿los chinos ven igualitos a todos los latinos? ¿Los chinos no sabrían quién soy yo y quien es Alejandro Sanz?

Mi xenofobia está on fire, y va a sonar peor aun cuando mencione que no distingo entre Michael Ealy y Jesse Williams. En realidad busqué en internet afroamericano similares. En resumen, quiero que todos se vayan, quiero tragar porquerías, quiero poner a la niñera y quiero sentirme enajenado de mí. Me sorprende mucho mi bajón de humor viniendo de varias semanas estables gracias a la terapia, pero bueno, como dice el viejo y reconocido refrán, Uno nunca sabe mucho pero sabe lo que sabe, ya tú sabe’.

Yo

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