He decidido que esta semana no voy a utilizar ropa del trabajo, sino que voy a usar esas camisas que ya huelen a guardado, simplemente para tener un cambio de look. Hoy le tocó a la polisa, o sea, una camisa con cuello y mangas de polo que me regaló mi cuñada un día que no recuerdo cuál. Hasta me la chulearon. Qué linda camisa me dijeron, pero más lindo el que la usa. Yo me sonrojé, porque piropos como esos no son muy frecuentes.
Me quedé al sur de la calle Houston, en Nueva York, fui a ver a mi amigo actuar, tenía más de 10 años que no lo veía hacerlo y creo que era una gran oportunidad de conocerlo un poco más y sobre todo, de conocerlo un poco mejor. Digo tener amigos, amigos muy buenos, no solo eso, sino amigos que son mejores amigos, pero la verdad es que conozco muy poco de casi todos. Un gusto por aquí, si signo por allá, pero no como conozco a la niña de mis ojos, por ejemplo. Así que decidí hacerlo, meterme en su vida y conocer lo que hace, ver sus lugares secretos, caminar por donde él va en los días que pasa por allá.
Así que me enfrenté a gánsteres chinos, a un sinfín de gente generación Z, a punketos, y negros rapeando e inyectándose en plena calle. De esos negros que daban miedo y de esas asiáticas que daban pena, todas con botas. Luego de esa experiencia, me di cuenta que esa ciudad no es para mí, no podría vivir rodeado de botas de todos tipos y estilos. Pero aun así decidí disfrutar el momento, observar e y meterme en la ciudad completamente. Recordé la palabra fuegolandesa tÌshók que significa, abraza la luz mientras brilla porque talvez no dure para siempre. Así que eso hice, me sumergí y lo disfruté y lo conocí un poco más.
Mientras iba caminando, cando me perdí entre el barrio chino y la pequeña Italia, vi varios compatriotas que estaban viviendo el sueño americano, cocinando y lavando los platos tan necesarios. Tuve dos señales claras de que en realidad no soy un mexicano de pura sangre como digo ser, de esos mexicanos descendiente directo del Emperador Moctezuma. Yo, que mi nombre original es iztaccihuatl y que por convieniencia de los que no puede pronunciarlo me hago llamar El Instruido, que para hacerle verdaderamente honor, debí haber nacido el 13 de noviembre, pero no, soy de marzo. Por otro lado, un tipo que estaba sentado esperando la obra, me hizo una pregunta y cuando le respondí me dijo Boricua, verdad. Así que mi mexicanidad ya estaba bastante en riesgo. Mi novia, en la última visita que hicimos a tierras aztecas, me dijo Ves que no te vas a quedar pelón, en México no hay pelones, y lo mismo me pasó en Nueva York, mis compatriotas no estaban pelones, lo que me hace pensar que efectivamente, mi abolengo mexicano está verdaderamente en duda.
Más allá de llegar a la conclusión de que ni yo me merecía estar en una pocilga como en la que me quedé, no importa lo feo que uno pueda ser, siembre habrá alguien que se lo quiera coger, y es por eso que hasta yo cojo, tú coges, él coge…
YO