Ya no se siente como convertirse en He-Man.

Fueron muchos meses que estuve fuera del entrenamiento. Me lastimé un antebrazo, por lo que dejé de ir, luego se metió en medio un viaje. Por la cantidad de subidas y bajadas de lugares donde estaban incluidas las subidas y bajadas de las maletas, el dolor de mi antebrazo se puso peor. Al regresar a la normalidad, el dolor no se quitó por lo que compré otro set de clases para no perder las sobrantes y poder tener un mes de gracia, eso se venció el 26 del mes pasado. Me dio tiempo para ir al doctor, que me inyectara una solución mágica y dolorosa en el codo para ayudar a la curación. Dos semanas después, pude iniciar.

Fue ayer que estuve hablando con la catedral y me dijo como le iba a decir al dueño del gimnasio, que, si no prendía el aire, se iba a IR. Así le va a decir con un ir grande porque con ella no se juega y lo que dice, lo cumple. Cosas del destino, en mi tercer día seguido de ejercicios, con los músculos bien molidos de dolor, cuando la entrenadora estaba gritando, Baja, baja y la vecina dice, tú que bajes nene y grito diciendo, No puedo, se fue la luz. Cinco minutos después del inicio de la clase, se fue la luz. Fue inmediato el sofocón. Todos los abanicos se apagaron al mismo tiempo y las llamas del infierno comenzaron a salir.

Cuando entreno por las mañanas, por lo general me voy sin desayunar porque no me gusta meterle algo a mi panza a las 6 de la mañana, así que ahí estaba, haciendo ejercicio, sofocado y sin ventilación. Las gotas de sudor me bajaban a chorro, el mat donde hacía las abdominales y el plank tenía un charco de fluidos salados de mi cuerpo.

El ambiente en el salón estaba comenzando a sentirse cada vez más caliente y sofocado. Mi cuerpo continuaba desasiéndose de los líquidos salinos de mi cuerpo mientras seguía haciendo los ejercicios que la entrenadora explicaba. En un ejercicio, el cuál tenía que subir mis pesas de 8 libras arriba de la cabeza (poco peso para no joderme de nuevo), comencé a sentir mi cuerpo raro, de repente mi cabeza comenzó a dar vuelta y todo borroso hasta que de repente me desvanecí.

El olor a alcohol estaba fuerte, la cabeza tenía una bolsa de hielo. Al ir despertando me vi gente rodeándome. Viendo como poco a poco iba recuperando la consciencia. No era uno sino dos doctores que afortunadamente estaban tomando la misma clase que yo, y fueron ellos quienes tomaron la batuta para hacerme regresar a la realidad, una realidad sin luz, sin abanicos y sin desayuno alguno.

Todo esto vino directo a mi cabeza mientras estaba haciendo los ejercicios y como buen piscis, soñando despierto y vislumbrando el futuro. Esa imagen fue la que mi imaginación creó. Al final, simplemente salí corriendo a mi casa a bañarme, porque no se permite bañarse en el gimnasio por la falta de agua. En fin, creo que también me toca dar algunos ultimatums a mí.

YO

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