Incluirse en la ecuación

Tus creencias se convierten en tus pensamientos, tus pensamientos se convierten en tus palabras, tus palabras se convierten en acciones, tus acciones se convierten en tus hábitos, tus hábitos se convierten en tus valores y tus valores se convierten en tu destino. Esa es el ciclo exacto en que se va formando lo que uno es. En el trascurso de mi crecimiento, lo que me dijeron en mi casa, lo que me hice creer, lo que vi y sobre todo lo que viví me ha llevado me ha hecho este ser humano que soy. Con el transcurso del tiempo, el leer y ver videos de temas que me ayudan a conocerme mejor. Durante esa travesía llena de introspección he descubierto algo bien interesante sobre mí y es que por alguna razón, y no sé de donde provenga, por lo general me coloco en último lugar.

Tengo recursos limitados y pienso bien en qué los voy a usar. Sé que las cosas materiales no definen lo que soy, pero no es algo que lo tengo en mi mente para usarlo para mí. Hace unos días dije, me voy a ir a comer un ceviche, tengo ganas. Y al ir, lo disfruté y me compré los tostones de pana y la bebida que quería, pero me limité en pedirlo solamente de pescado y no mixto porque era más caro. Pensé que en realidad quería de pescado solamente, pero después me di cuenta que no. Hice lo que quería para mí, pero no realmente, a medias.

Teniendo claro que las cosas materiales no me definen, y lo aprendí conforme iba creciendo y tomando consciencia del mundo en el que vivimos, el cómo nos utiliza los grandes intereses, no suelo comprarme ropa a menos que sea necesario. Y es tan evidente esa falta de compromiso con la vestimenta que puedo usar las mismas cosas por mucho tiempo hasta que la mancha ya no da para más, el roto ya no se puede remendar y el cabello ya no se puede peinar. Un día, me coloqué un bóxer, por lo general estas tareas las hago ya sin pensar ni ver, es automático. En el transcurso del día, en la oficina con el frío que estaba haciendo gracias al falso invierno creado por el acondicionador de aire sentí que mis pelotitas estaban más pegadas al cuerpo de que costumbre.

Cuando llego a la casa, y me siento para desvestirme y meterme a bañar, veo que en el fondo de mis bóxer negros con más de 5 años, le hace falta la capa de tela que cubre mis bolas, mi bóxer tiene un hueco completo, tela corroída por años de uso. Me los quito y los coloco en la basura.

Sé la cantidad de dinero que puedo tener adicional a todos los gastos fijos al mes, y de ese dinero que me queda, prefiero usarlo para hacer feliz a personas que lo necesiten más que yo, a mi hijo, a mi pareja cuando tengo o a quien sea, antes que a mí. ¿De dónde sale eso? ¿Cuál es el origen de ese comportamiento? ¿Qué miedo está metido en mi cabeza? No tengo ninguna respuesta a estas preguntas, pero lo que sí sé es la culpabilidad que siento por hacer cosas por mí. Dando prioridad a todo y a todos, con recursos limitados y siendo este complacedor nato debo aprender a equilibrar la felicidad ajena a la mía propia de mí mundial. No es que no me quiera, es que no sé cómo quererme sin culpa.

YO

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