Somatización espontánea

La parte espiritual en mi vida ha sido un proceso que he comenzado a trabajar desde hace unos años. Es una parte reveladora del ser cuando llegas a desenterrar algo que tienes en tu subconsciente y lo externalizas para deja de ser una carga para ti. Esto lo he vivido ya en un par de ocasiones cuando de repente algo que tenía guardado bien adentro, sale a la superficie, lo estudias, lo ves, te das cuenta de tu tendencia y luego lo dejas ir.

Hay otras cosas que no logras identificar, sabes que tienes algo, que algo no está bien, te sientes pasado, sientes que no eres tú, sientes que el mundo está en tu contra. Lo puedes catalogar como una pequeña depresión, como fue en mi caso, pero no logras identificarlo. Cuando esto pasa, muchas veces tu cuerpo sufre las consecuencias. A este proceso se llama, según me cuentan, somatizar el sentimiento interno.

Dependiendo en qué parte del cuerpo es la somatización de tu sentir, es el significado. Por ejemplo, hace unos días me comenzó a doler mucho mi bolita izquierda y a inflamarse mis ductos de los dieguitos. Yo no soy tan espiritual en ese sentido, pero ella lo es, así que rápido pone en práctica su habilidad de buscar en internet. En el aspecto espiritual mi tipo de somatización, la Epididimitis,  uno de los aspectos espirituales puede ser el  “sentir culpa luego de la ruptura con una mujer”, Resentimiento de haber perdido mi tiempo o “quiero mantener a mi hijo conmigo para que se pueda convertir en un hombre”. También esto me informa que me siento indefenso, frustrado o enojado con la mujer. Cosa que no estaba alejado de la realidad.

Mi realidad es que se me inflamó mi bolis mientras estoy pasando por un proceso de reconocimiento de enojo, dolor, resentimiento y furia, durante un proceso donde mi hijo está en el medio y durante un proceso donde nos dimos cuenta que uno debe ver por sí y sus necesidades y si no son cumplidas pues seguimos adelante.

Me he liberado de estupideces que han pasado, me he dado cuenta que mi nivel de madurez era muy pobre y ahora estoy dándome cuenta que la vida es muy fácil, hay que ser fiel a tu decir, pensar y actuar. Entonces, debo estar más atento a mi cuerpo y qué me está queriendo decir. Ahora mismo, por ejemplo, está moviendo la pierna derecha mientras suena Desesperados de Chencho Corleone por lo que puedo interpretar que mi cuerpo pide Perreo, y perreo es lo que le voy a dar…

YO

No eres tú soy YO

En realidad siempre pensaba que era lo contrario. En mi mente hacía todo lo que creía que tenía que hacerse para que todo funcionara y  resulta que la vida me demostró lo contrario. Mi inteligencia emocional era muy pobre en el 2016 y mejoró un poco en el 2022. Nos hicimos daño, mucho inconscientemente, pero daño al fin. Esto eran gritos de súplicas pidiendo auxilio, un auxilio que no terminaba por llegar. Esto llegó a ser una forma externa de expresar algo que siempre debió venir de dentro. Todo eso que deseamos y no lo tenemos y queremos que nos lo den y si no nos lo dan, debes cambiar para que lo logres.

Este fue el primer error, querer tener algo que no tenemos. Algo que necesitamos para estar bien sin saber que ya lo tenemos todo, que somos todo y nada de lo que venga de fuera, de alguien va a llenar nuestro ser. Somos como somos y evolucionamos, si lo deseamos, a nuestro ritmo. Somos como somos y nadie puede decirnos que no seamos así. Uno mismo cambia lo que ya no le gusta, todas esas programaciones de la infancia que nos detiene y nos hacen daño, una vez detectada la cambiamos para crecer, para liberarnos. La vida es sencilla, tan sencilla que lo único que debemos hacer es encontrar a ese ser que no queramos cambiar, que simplemente sea y que estemos bien con eso.

Esto lo comprendió primero ella, ella siempre ha sido más racional que yo, yo me voy en los viajes de comedias románticas, romantizando el amor. Al finalmente comprender de lo que se trata la vida, algo por dentro de soltó, se liberó, se aceptó. No fue mi culpa, no fue su culpa, nos herimos, pero el ser supremo te lleva por donde debe ser. Aprendemos y reflexionamos de los hechos. Existen dudas, si estaré haciendo lo correcto, si no estaré exagerando con mis posturas o mis deseos, si ahora que ya se abrió el espíritu todo puede ser diferente. El dolor es profundo pero al final, es posible que lo que es tu centro, lo que son tus principios, lo que es el camino de lo que estás tratando de ser te vuelva a llevar a los mismos resultados. No lo sabemos. Ha pasado así en los últimos 50 intentos.

¿Alguna vez has sentido cómo tu furia, tu enojo, tu rencor, tu duda, tu dolor desaparece, se derrite, se esfuma, capún?  Pues esa es la sensación más cabrona del universo… luego de unos doritos con salsa valentina y una coca cola helada viendo Netflix.

YO

La vida es un 4-40.

A la vida me han llegado muchas personas expertos en distintas disciplinas, entre ellos tengo un grupo que conoce mucho de música. Estábamos sentados en la sala de su casa, con el mar golpeando de fondo cuando dos de ellos comienzan a hablar de cosas que no lograba entender. Sinfonías, partituras, pentagramas y cosas extrañas para mí hasta que llegan “estaba cabrona, estaba a 4-40” y es ahí donde entro a la conversación y pregunto ¿Qué es 4-40? 4-40 es cuando todo está perfectamente afinado, el instrumento está en su punto. Al dente como la pasta. Al enterarme de esto la cabeza me empieza a dar vueltas, a asimilar esta nueva información que recibe mi cerebro. Mi cabeza está a mil imágenes pasando por ella y por fin logro escupirlo. “¿Entonces Juan Luis Guerra y sus 4-40, en realidad quiere decir que es Juan Luis Guerra y sus afinados?” Wow, esta información me voló la cabeza, así como al emoji.

Y es de este modo que estoy aprendiendo a ver la vida. Apenas estoy entendiendo la metáfora de ver la vida como un río donde el agua no se detiene y sigue fluyendo en una sola dirección. Me dicen que la vida es simple y que es nuestra mente, la cual muy pocas veces se encuentra en el presente, que nos complica la existencia. La idea es no melancolizar el pasado y no ponernos ansiosos por el futuro. Suena fácil y a veces me lo creo pero otras tantas es un maratón de pensamientos que pasan por la cabeza.

Un compañero de trabajo me regaló una guitarra y yo acabo de pedir un aparatito por Amazon que me ayude a afinar ese instrumento que quede al punto. Al mismo tiempo lo usaré para mi vida. Dejarla en 4-40 y practicar tanto que la mayor parte del tiempo recorrer esta existencia en 4-40 Hz.

YO

Reaprender a vivir

No sé cómo pasó esta transición de vivir a sobrevivir. Sé que ha sido durante los últimos años en los que he estado levantándome el piloto automático, haciendo las cosas, ni si quiera viendo la vida pasar, solo hacer sin preguntar. Esta autodestrucción vino sin yo darme cuenta. Fue una experiencia zombistica donde no escuchaba y no me escuchaban. Con el pasar de los años fui acumulando rabia, furia y enojo en todo mi cuerpo y  todo mi ser. Una furia y una rabia a un esfuerzo no reconocido, a un no entender el por qué no se hacia el mismo esfuerzo (según yo). Con todo esto mi cuerpo ha sufrido las consecuencias. Mi cuerpo y mi alma están lacerados y adolorido.

Cuando cae lo que tiene que caer, cae en su punto. Fue así, tan cerca como un par de días en lo que me doy cuenta de todo esto que tenía acumulado en mis adentros y cómo estaba afectándome a mí y a mis seres cercanos. Un dolor causado que pude ver y una furia interna que podré sanar. Todo este tiempo ha sido de preguntas sin respuestas, de “esfuerzos sin respuestas” de oscuridad  cada vez más densa.

Mi maestro de yoga y mi maestro de budismo me dicen que todo pasa, la felicidad pasa, el dolor pasa, el éxito pasa, la tristeza pasa, todo es efímero y debemos aprender a estar bien con los hechos de la vida. La vida pasa y se nos escapa. La vida es para dejarla fluir y no preguntar, es para aceptar y es para vibrar alto. Mi despertar ha sido uno muy doloroso tanto para mí como para a quien amo. He visto como por comportamientos aprendidos de la infancia, de crianza, de observación, los patrones se repetían. Ha sido un proceso lleno de dolor y lleno de perdón. Me he perdonado y he crecido. He decidido no ser esa persona, no causar ese daño directo o indirectamente a personas que amo y me importan y sobre todo no dar ese ejemplo a quien me ve.

Quiero que me vea lleno de vida, con mis virtudes y que vea cómo arreglo mis defectos. Que me vea meditar, respirar, hacer yoga, enfrentar problemas, caerme y levantarme, pedir perdón, reír y llorar, sonreír y hacer, crecer y vivir no solo sobrevivir. Ir al mar, bucear, tomar fotos, hacer videos, escribir, leer, caminar, esnorkelear, disfrutar y reaprender a vivir la vida fácil.

Ese es mi propósito, aprender a vivir y destruir todo lo automático que existe en mí y que estos segundos o años que me quedan en este plano, que sean de ejemplo digno para ese ser que apenas florece en su…

 YO

Un Proceso Espiritual

Yo creo que aún tengo guardada esa nota que escribí en Facebook en esos tiempos de juventud y mi incredulidad en los procesos de mejorar como persona. No entendía el por qué uno tenía que ir al psicólogo para resolver sus situaciones y no simplemente se ponía los pantalones bien puestos y decidía arreglar su vida. Pero bueno, la vida me llevó por otros caminos. En mi incredulidad mexicana y creencia superior además del gran trabajo que hizo mi mamá en la crianza, pensaba que mi estabilidad emocional era buena, que no tenía ningún issue. No fue hasta el 2016 que me dijeron una y otra vez lo “mal” que estaba. No dudo que estaba mal pero también hubo muchos cambios que exacerbaron esa inestabilidad emocional. Todo esto duró por más de 2 años sin aceptar que  mi responsabilidad. Pero de repente llega un chamacón guapetón y chulón a mi vida que me hizo ver todas estas cosas de las que estaba huyendo.

Mi afán por darle mi mejor versión me ha llevado a leerme un fracatán de libros, tener ya 3 años de terapias con una psicóloga, podcast, meditación, budismo, neurópatas, ponerme agujas en el cuerpo, quiropráctico y por poco hasta una limpia chamánica. En todo este tiempo mi crecimiento ha sido por fases. Los cambios más grandes han sido bastante recientes. Toda esta información es agobiante y no es hasta que a uno realmente le cae el 20 de todo lo que lee, le dicen o encuentra entonces es que el cambio se realiza en la persona. He dicho ya un par de veces “no quiero ser esta persona” decidido, de corazón y el cambio aparece y la liberación llega.

Hace cerda de 9 meses comencé a pagar por mis clases de yoga. Mi yo viejo, era un individuo que se negaba a pagar por estas cosas. Se me hacía bastante estúpido e incredulidad hacia los instructores. Esta vez, el llamado fue fuerte, necesitaba otro cambio más y decido pagar. Es aquí donde me han explicado desde mis comienzos que la vida es como un río, que debe fluir libremente y  uno no debe tratar de detener el agua que corre. Me han dicho que no haga preguntas, que confíe en lo que viene, que visualice y que me deje llevar por la vida sin preguntar, no cuestionar, solo aceptar, solo mover mi energía y que visualice todo lo que quiero y deseo. Tarde o temprano eso va a llegar.

HOY, hoy fue un día de los que otro 20 me cayó y logré ver el significado de lo que me habían estado repitiendo por 9 meses. Todas esas preguntas que hacía, todo volvía a la misma respuesta. No preguntes, sigue y cree. Noto otro cambio en mí. Noto que un peso se me fue. Mi visión y mi misión son claros ahora. Es cuestión de tiempo y de derramarme, desbordarme al deseo y al trabajo que esta vida y estos deseos me han encaminado. Ese YO está ahí, camino para allá. Namasté.

El Secreto

La luz del rayo iluminó las capas multicolores que estaban colocadas como personas paradas a lo largo del pasillo que conducía a su cuarto. Dentro, Walter yacía en la cama inmóvil mientras su familia, preocupada y esparcidos por el cuarto, esperando la decisión final que tenía Dios para él. Otro rayo cayó a unos 2 kilómetros de la casa en  el barrio Cupey Alto, el ruido estremeció la habitación como un pequeño sismo. Walter, levanta su cuerpo como si hubiera recibido un choque eléctrico y pegando un grito que dejó frío a todos, una visión le había llegado. Él sabía que esa era la señal que estaba esperando, las imágenes recorrieron su mente en cuestión de segundos. La familia, se acerca a la cama para ver qué pasó. Walter abre sus ojos y detenidamente observa a las personas que estaban con él. Se le queda viendo a su compañero, le pide que se acerque sin decir una palabra, solamente lo observa, él, con esa acción ya sabe qué le está diciendo. Camina lentamente hacia Walter y se inclina. Walter comienza a mover la boca sin que el movimiento de la boca genere palabras que se escuchen. El compañero entonces coloca su oído muy cerca de la boca de Walter y logra convertir en palabras los susurros de su visión.

Al escucharlo, la cara le cambia de color, la sangre le bajó del rostro dejando su tono pálido. Walter, con su último aliento le toca la cara diciéndole “Te lo encargo”. La electricidad se va, la casa queda completamente a oscuras, Walter acariciando el rostro de su compañero con la mano, se deja ir, su misión fue cumplida. La luz de los rayos dibujó su silueta tendida en la cama. Se nos fue dijo el compañero, las lágrimas comenzaron a escurrir por su cara, como la lluvia que descendía por las ventanas.

…

El compañero estaba sentado en el sofá color negro, desgastado donde uno descansa los brazos, el sofá donde Walter siempre se sentaba para ver la televisión. Las noticias en el canal 4 comenzaba con el tema del día, un chat donde el presidente de la Comisión Estatal de Elecciones y miembros del Partido Nuevo Progresista estaban metidos en problemas, abusando de su poder y del pueblo que es siempre el que termina pagando por sus errores. Cuando escuchó esa noticia un frío recorrió todo el cuerpo, el recuerdo de las últimas palabras de Walter le resonaron en la cabeza y éstas le erizaron la piel.  Todo es verdad, carajo, ya ha comenzado, se dijo a sí mismo. Habían pasado un par de semanas desde que Walter estaba descansando en el Señorial Memorial Park.

El compañero de Walter, un hombre de 1.70 de estatura, traje negro con corbata del mismo color, el poco cabello que le quedaba estaba pintado de castaño claro y su piel blanca estirada por el cirujano. Las gafas para el Sol tipo aviador le cubrían la mitad de la cara, estaba acomodando las flores que estaban en el florero luego de limpiar la placa con el nombre de Walter. Viste cómo me vestí Walt, le dijo, de este modo no voy a necesitar mucho más arreglo, sonrió al comentarle esto. Sacó de la bolsa de la chaqueta el gato rojo, el gato que había comprado en esos primeros años de conocerse en su viaje a Japón. Lo colocó al lado del florero. Sabes, no te creí, pero parece que todo es verdad. Estoy cansado, te extraño. La vida no es igual y no tengo la energía de cumplir tu encomienda, es muy pesada. Siento mucho lo que le va a pasar a tanta gente, de verdad lo siento, pero no, no puedo hacerlo, le dijo con la voz entrecortada. Se limpió las lágrimas de la cara, se puso de pie, se besó la mano y tocó la lápida. Sacó la pistola que tenía guardada en la espalda. El ruido espantó los pájaros que estaban comiendo los insectos del césped. Walter y su compañero se habían reunido una vez más.

La metamorfosis

Han pasado casi 16 años desde que pisé suelo taíno. Mi primera experiencia en la isla fue pasar por McDonald’s y escuchar por la bocina del servicarro un balbuceo inaudible que me le quedé viendo a la persona que manejaba con un grito de auxilio en los ojos. Ella sin problema, acostumbrada al idioma, pudo entender todo lo que salió de esa bocina con lujo de detalle. Mi primera orden de servicarro fue realizada sin yo saber qué había pasado. Desde ese momento decidí que esto no iba a ser para siempre, que iba a ser una buena experiencia, o como finalmente fue, la mejor época de mi vida estar en esos mediados de los dos miles en la isla, pero sobre todo había decidido que no iba a perder mi mexicanidad por nada del mundo. Otra cosa que medité fue que no me iba a sumergir en  la cultura taína, bueno hasta cierto punto, quitando el perreo y las medallas que eran baratas.

Entonces pasaron muchos años que en mi vocabulario no existía las palabras taínas como jangueos, chinchorro, voceteo o el responder cuando me preguntaran, papi tú perreas? con un ACHO SEGURO, eso jamás. No fue hasta que me casé que me di cuenta que esos pocos años se iban a convertir en más de los pensados. Entonces decidí que iba a utilizar las palabras autóctonas con mi acento de Univisión. Me llevé un susto grande, luego de un viaje de visita a México que al regresar a isla grande: 1. Me sentí que había llegado a casa y 2. Tenía antojo de carne, arroz, habichuela y amarillos. Mis ojos se pusieron tan grandes al darme cuenta de lo que mi subconsciente estaba haciendo y deseando que me asusté, pero  en cierto modo me resigné porque aún escuchaba Futbol Picante y veía partidos de la selección.

Los varios años se volvieron resto de mi vida al nacer Gael y al llegar mi nueva nacionalidad taína, el librito color azul que me permite sacar mi permiso medicinal y votar por la estadidad en el 2024. Pensé que nada podía ser peor, hasta que llegó un mes sumamente estresante, con múltiples cambios simultáneos en todas las categorías, dirección, estatus, pareja, trabajo que por alguna razón, un día donde la ansiedad no podía estar peor, mi cuerpo pidió Arroz, Habichuela, Pollo, Amarrillos, Pernil y Yuca. YUCA. Al mi cuerpo pedir esa raíz hervida, con un toque de vinagre blanco, hoja de laurel, sal, pimienta, cebolla blanca finamente cortada mi metamorfosis y asimilación taína había culminado. Porque quién en su sano juicio agrega yuca a su plato.

Por alguna razón, estoy bien con el resultado. Esta comida está tan buena que Gael, que casi no come, ese día se jampió 4 platitos y hasta yuca pidió.

YO

Como en las películas de terror.

Por alguna extraña razón, los traumas infantiles me están saliendo ahora que soy papá. Esto viene, según mi psicóloga 100% recomendada, por esa necesidad de proteger a mi hijo de todo mal que pueda existir en el mundo exterior, el cual apenas está descubriendo. Uno de mis traumas es el miedo que tengo, un miedo que a veces me salen como ataques de pánico, por todo. Porque tengo colesterol alto, ahora ya me voy a morir del corazón y mi hijo se va a quedar sin padre. Porque hay un virus que no sabemos cómo puede afectar a los niños y algunos tienen reacciones como la enfermedad de Kawasaki. Miedo porque ya sale corriendo como loco por la calle y que un carro lo despachurre. Miedo porque hay mucha gente en la Plaza de Armas y él aún no se deja la mascarilla puesta y la gente adulta está con la mascarilla en barbilla o con la nariz por fuera. Entonces, este año decidí trabajar ese trauma, trabajarlo y superarlo.

Por la vejez y las levantadas temprano que hago por tener un bebé que se duerme a las seis de la tarde, procuro acostarme temprano. Por lo que la noche de anoche ya estaba en la cama a las ocho de la noche, mi nena también se había acostado y la novia estaba en una reunión nocturna fuera de la casa. Luego de bañar me voy a acostar, apago todas las luces de la casa, le pongo seguro a la puerta y me voy al cuarto.  Por vivir en Viejo San Juan y la pobreza, pues estamos en un departamento de dos cuartos por lo que el niño duerme en su cuna en nuestro cuarto. Entro al cuarto, cierro la puerta, el cuarto tiene cortinas que tapan completamente la luz de la ventana, por lo que al cerrar la puerta el cuarto es una boca de lobo. Me acuesto, me pongo los audífonos y decido ponerme a ver un capítulo de una serie, pero resulta que ese capítulo era medio tenebroso.

Estoy quedándome dormido, sin hacerle caso a la serie, cuando de repente escucho un ruido y la puerta del cuarto se abre sola. Yo, no mames, se abrió la puerta, mejor dicho quién abrió la puerta. A mi mente, como buen traumado que estoy, viene la serie tenebrosa, las películas de terror y los pendejos que cuando un ruido extraño suena en la casa, van como estúpidos a ver qué o quién está por ahí. Recorro en mi mente lo que hice, me bañé, apagué la luz, cerré la puerta ¿cerré la puerta de verdad? No mames ¿la cerré? Entonces recuerdo también que ya es el 2021 y que aún creo que el 2000 fue apenas hace unos días, pero también recuerdo que este año iba dejar mis pendejadas atrás. Así que tomo mis precauciones, voy a pararme, pero no voy a ser tan pendejo como los personajes de las películas que prenden su lámpara, yo no voy a llamar tanto la atención.

Por lo que en lugar de prender la lámpara del celular, solamente prendo la pantalla, para que sea una luz que no llame tanto la atención a ese intruso que está en busca de los millones escondidos debajo del colchón y que lo único que encontrará de valor es mi drone que me gané en la rifa del trabajo y la bocina bose de hace 4 años. Me quito la colcha de encima, camino por el lado de la cama hasta llegar a la puerta, con la luz del celular alumbrando mi camino, sigo al baño, meto primero la mano y luego asomo la cabeza, no hay nadie. Sigo por el pasillo a la cocina, vacía, al llegar a la sala, piso al chango del niño y pego un brinco, acerco el celular al piso y veo al mono, con los ojos grandes azules viéndome fijamente, me comienzo a reír por dentro  no mames, que susto. Reviso la puerta de la casa y estaba cerrada. De seguro no cerré bien la puerta y el viendo la abrió.

Este 2021, voy a resolver traumas pasados y si alguien trata de entrar a la próxima casa, debe saber que tendré mi celular en mano.

YO

Si hablaran.

Creo que han pasado casi 20 años desde que me sacaron de ese rollo. Recuerdo como me acomodaron en la pared, ya tenía una pega que era bastante babosa, algo como engrudo. Fueron colocándome desde el techo hasta casi el piso. Luego colocaron una madrea que me daba un mejor terminado. Creo que siempre me vi hermosa, era una princesa, mi color amarillo con mis lindas rallas en forma de columnas griegas. Me veía tan linda. Claro, ya han pasado 20 años y me he ido deteriorando un poco con el tiempo. Los niños me han pintado de muchos colores y luego, con un trapo mojado vuelvo a la normalidad.

Tengo un golpe, eso sí. Ese sí que me dolió, pero saben, prefiero tenerlo yo porque iba a ser un golpe fuerte. Lo recuerdo, yo creo que habían pasado como dos semanas desde que salí cuando de repente escucho la puerta abrirse, era una pareja de recién casados. Tenían esa chispa de emoción, ahora lo sé porque ya la he visto antes. Esta pareja era muy linda, creo que pasamos momentos muy buenos, en el centro pusieron un cuadro grande, creo que tenía un paisaje de la playa y debajo estaba un sofá. Yo estaba muy contenta porque ese adorno me gustaba, era muy lindo. Pero algo pasó con el tiempo. Una noche, me despertaron los gritos “Estoy aquí, mírame, estoy aquí” la vi acercarse, él estaba un poco desesperado, tocándose la cara y la cabeza con las manos, creo que estaba muy cargado. No lo vi venir, pero de repente se volteó y tiró un golpe, un puño que me hizo un hueco justo debajo del cuadro. Gritó que lo dejaran en paz y al verse la mano estaban rotos varios dedos, cogió su mochila y cerró la puerta tan duro que casi tumba el cuadro que tenía. No lo volví a ver, unos días después, al despertarme ya todo estaba limpio y mi hueco estaba sellado, pero blanco. Me dolió perder mi perfección.

No sé cuánto tiempo había pasado desde que todo estaba vacío, pero me despertó el agua fría que me echaron. Había gritos y alboroto por todos lados, niños corriendo, perro ladrando de tras de ellos y adultos limpiando y sacando cajas de un camión. Aún estaba medio modorra cuando esto pasó, pensé que era como un sueño pero al darme cuenta que había gente nueva me sacudí el polvo y me puse en posición de firmes, bien derechita y mostrando mi mejor cara. Debo admitir que me dejaron muy limpia luego de ese baño frío. Era una gran familia, eran muy felices. Estuvieron 4 años aquí, antes de que el perro se llevara la evidencia. En realidad es lo único que recuerdo porque estaba dormida cuando desperté vi al perro coger como un cuchillo del piso al lado del cuerpo y se la llevó. Nunca lograron encontrar a quién  lo hizo. He visto en la tele que al parecer una persona tocó la puerta, y el que vivía aquí abrió pero inmediatamente intentó cerrarla cuando vio a quién estaba afuera, con una patada logró tirarlo y se le abalanzó con esa cosa, cuchillo, fierro, no sé y después salió corriendo. La familia se había ido de la casa, creo que a visitar a los abuelos. Intenté ayudar, hice marcas de humedad que parecía cuchillos, otras como un perro. Nunca aprendí a dibujar bien, siempre perdíamos en ese juego.

Ahora, soy de color azul como el cielo, extraño mis rayas en forma de columnas. Pero bueno, hay que estar abiertos al cambio, hay que estar preparados porque es lo único que es seguro, todo cambia y yo también. Eso es dice mi amiga la puerta, que después de esa patada, cambió de no tener entrada para perro, tener entrada para perro.

Historia de superación.

Te la voy a contar a ti porque no tengo a nadie que sepa le pueda interesar esta historia sólo por venir de mí. Hoy me quedo solo en San Juan de viernes a lunes y por eso quería tener una tarde de pizza, alitas y Netflix como en los viejos tiempos, esos tiempos Hatoreyanos. Ya eran las 4.30 PM, me acababa de bañar y estaba emocionado por lo que vendría. Busco el número de teléfono de Dóminos Pizza en Viejo San Juan y por alguna razón nada aparece en internet. Al parecer no sobrevivió la pandemia y cerraron esa sucursal. Entonces digo “bueno, no es que me encante las pizzas de Pizza Hot, pero pizza es pizza” así que abro google maps y busco donde está ubicada Pizza Hot en la calle Fortaleza. Selecciono el pin y le doy clic al número de teléfono. Ring, Ring, el número que usted marcó está fuera de servicio. Pienso que puede ser un error, vuelvo a intentar… “NOOOOOO (imagen jalándome los pelos) No mames ¿en serio me voy a quedar sin Netflix y Pizza y debo cambiar a Netflix and Chill?” camino de un lado a otro preocupado por mi destino, pensando en cuánto quería tener este día, este día mío, este día lleno de nostalgia pasada de tiempos que no regresaran. Me viene a la cabeza Papa John’s, cómo carajo se me había olvidado la mejor pizza de las pizzas en cadena del mundo. Emocionado busco la sucursal de Miramar, “Si, quiero delivery para Viejo San Juan, por favor una pizza de pepperoni y champiñones mediana con alitas pequeñas” después de 50 minutos la tengo en mis manos.

Y es así como uno nunca se deja vencer y hace realidad su sueño cueste lo que cueste y aunque sea caro. 25 dólares de  caro.

Yo