Como parte de la recuperación de mi ser, de encontrar mi yo, había decidido aprovechar la oportunidad de estar por un par de minutos en concentración y presencia, algo que le hace falta a mi mente. Como parte de la conversación, siempre digo mis planes de lo que voy hacer, para que siga fluyendo la plática, que por lo general salta de un tema a otro. La novia me dice que hay posibilidades de que vaya a la práctica de yoga lunera que se lleva cada mes en las inmediaciones del Morro en San Juan.
Mi llegada fue algunos minutos antes de las 6 de la tarde, porque, durante m periodo en que estuve tomando clases de yoga por un poco más de cuatro años, me gustaba llegar varios minutos antes, sentarme en silencio, observar y tratar de escuchar a mi corazón, ver como sonaban los latidos, cómo se sentían en mi cuerpo. Esta vez, también lo escuché, pero fue diferente, quería saber qué me recomendaba, qué señal me daba para poder lograr la paz que tanto necesito en esto días, cerrar los ojos, sentir el aire, y que me guiara hacia donde está fluyendo la corriente.
Mientras estaba en mi espacio, escucho una voz diciendo si Me puedo sentar aquí al lado con usted, y era ella, que acababa de llegar de su viaje del otro lado de la isla. Me recibe con un beso y mi corazón, que estaba bastante tranquilo y relajado, comienza a acelerase con palpitaciones arrítmicas de la mera emoción de sentir lo que estaba pasando. Se coloca a mi lado y el aura se expande un poco más, unos grados a la derecha.
Mi plan estaba establecido, obtener presencia y claridad y si de casualidad la práctica me daba una ñapita, pues mejor. Resulta que por un momento fue todo lo contrario. Estando a mi lado mi concentración se puso difusa, imagina, tenerla ahí tan cerca, con una ropa deportiva que dibujaba perfectamente su nalgura y claramente aproveché para ligarme todo eso que tiene. Era lo único que veía y pensaba, pero todo cambió cuando salió comenzó a asomarse detrás de las estructuras antiguas la dama de la noche, la perla celeste, la viajera saliente, ese ojo blanco del universo.
Mi mirada cambió, se fue toda mi atención a la dama de la noche que brillaba por cuenta propia. La energía comenzó a fluir y el sentimiento a desbordarse. El cuerpo comenzó a sentir un poco de temblor, una especia de escalofrío. Había cosas que soltar, cosas que dejar ir, permitir que el viento se lo llevara todo. Un ratito lleno de vibración alta y emoción desbordada. La experiencia continuó, siguió su camino, se necesitaba una explosión adicional…
En la silla que da vuelta, un cuerpo escultural se encontraba despojado de artificios, en un estado puro. Procede a sentarse en el suelo, la silla que da vuelta se coloca de frente, y comienza el arte de tocar el alma con la boca. Mientras cierra los ojos para vivir mejor la experiencia, se pregunta ¿Es sucio el sexo? Y haciendo esa pregunta de forma retorica se contesta solamente si se practica bien. Por lo que así comienza, dejando evidencia de lo que estaba pasando en cada uno de los pasos que estaban recorriendo, realizando paradas para sentir, para disfrutar. En una danza sagrada, en un sentir de piel, en una inyección de deseos, se llega al estallido de la luz interior con la melodía del instante íntimo cuando los dos llegamos al clímax, al momento donde el tiempo se detiene en esa cima del suspiro compartido.
Me siento ligero, energía ha fluido, y se ha escapado a la raíz que le pertenece. Ese trabajo seguirá compartiéndose y creándose, porque por ahora, en esta bajada, lo único que queda es ir para arriba.
YO