Necesito mejorar mis niveles de testosterona. Hice ese comentario en voz alta mientras caminaba de la cocina hacia el escritorio. Mi amiga me pregunto que para qué, le contesté que la testosterona ayuda a ser más hombre y que necesitaba ser más hombre para hacer cosas que hacen los hombres. No quiero un carro deportivo ni mucho menos un pickup de esas gigantes RAM algo como mi amigo diseñador u otros hombres se compran porque tienen mucha testosterona, le dije. Para lo que yo necesito es para poder hacer tareas de Handy, quiero arreglar la bañera, su condición no es la mejor. Lo que sucede es que cada vez que pienso en eso me da una flojera gigante y al ser un trabajo de hombre testorerínico, mejor hago otra cosa.
Lleva a una mujer que esté en tu casa, dijo una voz, fue la discípula de mi amiga ¿Cómo así? pregunté intrigado. Es que cuando hay una mujer los hombres sacan pecho y como quieren verse como este tipo de gente de mira lo que hago, para impresionar a la fémina, pues se ponen a reparar y a hacer cosas, ya sabes le da esta cosa de ser el macho de la casa, el que protege, el que la cuida. Wow, me voló la cabeza. Es verdad, dije, este fin de semana le di lija a mi novia, he hice más cosas de las que me dedico a hacer en mi casa y estuve bien hacendoso. Puedes tener una allá y otra acá, se escuchó una tercer voz. No puedo con una, voy a tener dos, fue mi respuesta.
La testosterona necesita subir, eso es cierto. Ya estoy consiguiendo de nuevo granada para comerme una y me dé más vitalidad. Por ahora, me como mi avena remojada de noche. Comes solo eso, me preguntó el administrador. Cuando tengo a mi hijo, solamente como un poco al medio día, porque me gusta llegar y sentarme a la mesa con él a comer juntos. Hubo muchas palabras alagando y celebrando mi tipo de paternidad, asegurando que Puerto Rico sería otro con “padres como tú”. No hay nada más irreal que eso, Puerto Rico es lo que es y es lo que tiene que ser.
Luego al otro día, voy a dejar a mi hijo apurado, porque se nos hizo un poco tarde en salir de la casa, aunque la escuela está a cuatro minutos, íbamos ya luego de las ocho. Bajamos del carro, caminamos hasta la puerta y subimos las escaleras para que entre. En el quinto escalón, en el escalón del beso, le doy un abrazo por la espalda y bajo a besarle la cabeza, le doy una nalgada y le digo que lo amo que se divierta y aprenda mucho. Sube los tres escalones faltantes hasta llegar a la zona plana del lobby, voltea a verme y vuelve y baja para darme un último “abrazo” colocando su cabeza en mi panza/pecho y lo que hago es darle un fuerte abrazo nuevamente bien apretado y decirle que lo re amo.
Los ojos se me aguaron un poco, esto no pasaba desde que era un niño que dejó de ser un bebé. Al estar en el mismo espacio era “Papa” y salía corriendo a abrazarme, pero la separación forzada lo cambió. Ahora es un niño diferente, con la misma magia y luz, pero menos expresivo, más penoso, pero a veces, a veces tiene esos chispazos de amor demostrativo por su padre, que a mí me emocionan mucho más que a él.
YO