Un alivio parcial…

El olor me siguió toda la mañana, es verdad que hubo unos segundos el domingo en la mañana donde pudo haber sido la razón, pero creía, porque este fin de semana largo no había pasado tanto, quitando que un día en la mañana hubo bloqueo cock y ese mismo día por la tarde existió otro bloqueo cock. Otro más, me terminé durmiendo a las 8 de la noche y además me había bañado muy bien.  Por lo que no entendía la razón, la cantidad no fue suficiente y me había bañado ya luego del domingo matiné.

Me preparé para ir al gimnasio y comencé a sentir el olor, por lo que fui a lavarme las manos con jabón antes de salir. Cuando llegué todavía estaba sintiendo ese olor, al igual que la pariente de la novia, comencé a olerme obsesivamente las manos, la camisa, el short, los calcetines, los zapatos, incluso pensé que algo había caído de la comida de ayer en algo que no encontraba, olí los guantes, las vendas, pero ese olor no estaba por ningún lado, incluso me tallé la barba para ver si era de ahí de donde provenía ll olor a pescado, que eso era probable.

Esta gente que va a pensar era mi pensar. Cómo iba yo a estar con un olor a pescado y las personas que estaban cerca de mí, iban a estar buscando, moviendo su nariz, olfateando todo a su alrededor como mero canino en busca de orines en la calle. Llegó el momento de comenzar, me alivió un poco el saber que no me había puesto desodorante, por lo que el olor iba a cambiar y ya no sería pescado específicamente, sino una fusión más desagradable de sudor con indú.

Estaba pasando ya por el tercer ejercicio, el ejercicio tirado en el piso, levantando las caderas, apretando las nalgas y core, con las pesas de 20 en cada brazo realizando pecho cuando me vino a la mente la posible razón. Debió ser una mezcla del ejercicio, la creatina y la vitamina b que hizo un efecto en mi cerebro. Apareció de repente la posible causa. Mi día dio reversa, siguiendo paso a paso lo que había sucedido en el día. Fue el omega 3, eso fue. Al tomarme las pastillas matutinas, noté que el omega estaba churido y dañado, había roto la pastilla al cerrar el recipiente donde las guardaba, con la puertita, la había roto, arrancando un pedazo y permitiendo que el contenido del semen de salmón saliera. Y así mismo me lo tomé, pasando por la boca, la garganta hasta llevar al interior más profundo de mi ser la cápsula de la omega.

De ahí venía el olor, no de la ropa, sino de la profundidad de mi garganta. El lavado de boca con pasta y enjuague bucal no había sido suficiente, sino mi cuerpo estaba despendiendo el olor por los poros, uniéndose con los gases metanos y pegado con las palabras que salían de mi boca dando los buenos días. Logré encontrar la procedencia del olor, ya no era necesario seguir buscando, no había nada que pudiera hacer más que darle tiempo al tiempo. No iba a comer chicle en la mañana, me iba a dañar mi intermitencia semanal que aparece en la semana de mi hijo.

Por ahora, puedo estar tranquilo porque no fue ese olor a pescado del fin de semana largo ni la falta de lavado perfecto, tampoco fue que un trozo de camarón o jugo del ceviche cayó en alguna parte de mi ropa, sino que fue otra cosa ajena a mi voluntad, pero bueno, Al final, acepté mi destino. Ese día no fui un hombre: fui un aroma. Un concepto. Una presencia marina ambulante. Si alguien en el gimnasio sintió olor a pescado, que sepa que no era su imaginación ni un espíritu chocarrero del océano. Era YO, portador involuntario del aliento de Neptuno.

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