¡Aaaay la vida! Dice una canción del ritmo de moda al final, aunque probablemente la estoy confundiendo. Pero la verdad es que ya tengo tiempo aprendiendo que la vida es solo una, que el tiempo que pasamos con la gente que nos importa es muy poco y que el tiempo de disfrute real es mucho menos, por lo que en mi muy mal resultado, estoy tratando de hacerlo, ver lo bueno de todo en cualquier momento. Pero, ¡Aaaay la vida!
Hay días y hay días. El domingo fue uno de ellos. Muchas cosas estaban saliendo como no se tenía planificado y creo que mucho tiene que ver con la ansiedad que llevaba teniendo desde hace varios días por cuestiones que ya sé, pero que no entraré en detalles en esta ocasión. Me fui con el nene a pasear a Bayamón, mi nuevo municipio favorito. Nos fuimos a cumplir el reto de atravesar todo el Paseo Lineal en bicicleta. Ya el día me estaba diciendo que me tomara la cosa con calma. Estaba siendo demasiado apresurado con las cosas y las cosas estaban saliendo mal.
No fue hasta que llegamos al paseo, saco la bicicleta del carro, peleando con ella y con la llanta del frente para ponerla de nuevo, saco el cuadro de la bici y algo pasa que se engancha en uno de los shorts que la novia me había dado, de hecho el favorito. Fue la estrella quien se enganchó en el short, y al jalarlo para desengancharlo, se tiró la tela y se rompió de forma irreparable. No fue hasta ese momento en que dije, Ya me lo venía diciendo el día desde temprano, toma las cosas con calma. Respiro profundo, me vi el hueco hecho por el jalón, y me digo, Menos mal que hoy me puse bóxer porque el exhibicionismo sin intención, estaría genial. Ese short roto no fue solo un accidente. Fue un recordatorio físico de algo que ya venía sintiendo internamente: estaba corriendo más rápido que mi propio ritmo emocional.
Luego, tengo que salir corriendo del trabajo, porque mi hijo se creía campana y se dio un golpe fuerte en la frente, corriendo como loco, no se dio cuenta del tubo que estaba frente a él y sonó, poing. Ahora, debo de resolver lo del doctor y cancelar la clase de natación, solamente como método preventivo.
Ha cambiado mi actitud, y ha cambiado por que es como reacciono luego de los meses mágicos y de las necesidades que aparecen en mi ser por las heridas del niño de en medio, seguramente. Pero siempre llego a un límite, un límite donde el cómo me siento o el sentir que estoy entrando en un estado de “pobrecito” no lo permito. Porque si algo tengo bueno, es jamás hacerme la vistima, una vez comienzo a “sentir pena de mí mismo” hasta ahí llegué y comienzo a actuar. De ese modo me dedico a trabajarlo y resolverlo, porque como dice la canción, más vale pájaro en mano que mil años de perdón.
YO