El líquido preciado

Necesito ir al supermercado de emergencia. Más allá de querer comprar los ingredientes para mi ensalada de sandía que sería una sandía finamente picado, aceite de oliva, una pisca de sal, pimienta, limón, cebolla morada y menta, necesito comprar el nuevo descubrimiento que hizo la novia, cloro para meados.

Ella ha tenido problemas de esa naturaleza con sus perros. Mientras la edad va pasando, la incontinencia se va haciendo presente en alguno de ellos y al parecer, al ver los otros que no hay consecuencias, pues se han unido al corrillo pero de forma que las esquinas no se queden sin la marca de la agüita amarilla.

Era martes en la mañana, hora de levantarse por lo que voy al baño, así con los ojos aún sin ver bien listo para comenzar con mi rutina matutina. Piso agua, pero qué hace agua tirada en el piso si anoche no había. Me limpio el pie y comienzo a percibir un olor peculiar, no puede ser que esto sea o que creo que es. Efectivamente, mi primogénito, al igual que los perros de sagui, tiene incontinencia. Había orinado toda la tapa, se  había caído casi todo el meado al piso y juro que cuando lo cambiaba de bebé, el pitito estaba bastante derecho, sin curva.

Me armo de paciencia, porque, apenas son las seis. Le preparo la cubeta con agua limpia para que cuando se levantara se pusiera a limpiar. Ya ha tenido varios accidentes donde o su ropa de llena del Golden wáter porque se aguanta y no puede más, o simplemente no presta atención a lo que hace. Sin chistar nada, se puso a limpiar su reguero.

Por ahora, ya tenía planes de ir al supermercado, solamente, agregué algo nuevo a la lista.

YO

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