Pasaron dos años exactamente para enterarme. Lo que aceleró el proceso fue el confesar mi asexualidad a las tres semanas después de comenzar con la conversación digital y textual. También el detonante fue el enterarse de que una de las quejas que tenía la mamá de mi hijo fue la falta de sexo, a lo que su cabeza la llevó a interpretar que la mamá tenía una insatisfacción sexual y por esa razón, yo era un mal polvo. Esto meramente por hablar sobre el inexistente deseo de iniciar el acto por estar muy cansado de todas las otras tareas que tenía que realizar en mi diario vivir pasado.
Una cosa llevó a otra, el estar atenta y precavida de involucrarse demasiado sentimentalmente con una persona que la mayoría de sus palabras se veían reflejadas en acciones. Al parecer, hacer lo que se dice que se va a hacer, es algo muy extraño en esa parte de la isla. Por lo que, ella se estaba sintiendo emocionada con la situación, y esa situación era yo, pero resulta que ese yo no satisfijo, satisfixio, satisfasió a su pareja anterior, además, que de sus dedos había salido la palabra asexual.
La preocupación era entendible, nadie quiere una mala cogida por el resto de la vida. La emoción la había dejado saber y la preocupación, ahora luego de dos años, la puedo ver. El 9 de diciembre del 2023 me envió un texto que ahora logro comprender las palabras de preocupación que existieron en su cabeza – Solo falta que me coja rico y listo (emoji cerrando el ojo)– mostrando claramente la angustia y miedo en esas palabras.
Así comenzó el plan, el plan de validar esas letras salidas de mis dedos, falta de sexo, traducida por ella como un polvo fatal y asexual, traducida por ella como Esto no podía ser tan maravilloso, ahí está el meollo del asunto, como chinga mal, pues tiene que ser gracioso y hacer lo que dice, porque de qué otro modo una mujer se puede quedar ahí. Por lo que, procede a hacer su plan macabro de estropear mi visión de la quinta para poder decidir ese mismo día si se quedaba conmigo o no.
Es por eso que, aunque sabía que íbamos a ir a comer empanadas temprano y luego a respirar agua salina al mar, llegó tarde a propósito, usando el ejercicio y el baño tardío como excusa para así poder usarme sexualmente y aclarar sus dudas ocho días después del mensaje aquel. Todo indicó que el primer lengüetazo en la pájara fue una sorpresa mayor, pero sorpresa más grande fue para mí que, luego de planificar el usarme como un burdo trapo para sexual para dejarme o seguir en su búsqueda del nirvana, no pensara en traer condones. Yo no tenía porque llevaba mucho tiempo en celibato, todo el tiempo de separado más el tiempo de asexualidad y en mi pulcra y limpia mente jamás imaginaría el plan macabro que tenía entre manos.
Mayor fue la sorpresa, cuando luego de haber vaciado mis fluidos creadores de vida en su interior varias veces, le confesé que en algún momento de mi infancia adolecente, fui monaguillo de la iglesia y tuve planes grandes de entrar al seminario para convertirme en el Padre Didacus. No tuvo otro remedio que persignarse ante su santidad luego de la noticia.
El cinco fue el día exacto que se cumplieron dos años del primer mensaje y en dos días de hace dos años le dije que me gustaría volverla a ver en una segunda cita, con esto quiero decir, que le agradezco que siete semanas después, o 49 días, haya abusado de mí de ese modo tan espectacular y sobre todo que sus dudas se hayan disipado. Ha aportado grandes cantidades de emociones, risas, comidas, felicidad y cogidas a mi vida, que no tengo más que agradecer que su frecuenta haya estado a la misma que la mía desde entonces.
YO