Un corte de alto riesgo

Acababa de  pasar el tercer mesiversario desde que lo había visitado a él por primera vez, a él, porque no el lugar, el lugar ya lo conocía, ya tenía el gusto de haber ido. Le había enviado una señal para que me guardara un espacio para el sábado pero me había contestado que a esa hora no podía, ya lo tenía comprometido, pero que media hora después era todo mío. Aún tenía viva la imagen de sus manos lavándome la cabeza, para que la cosa estuviera más fácil.

Esa noche no pude dormir bien, era una reunión en un lugar bien pesado. Por lo que me puse a pensar como mexicano, como mexicano nacido en Sinaloa, según sus papeles. Me levanté de la cama y mientras caminaba por la sala para ver si lograba bajar la ansiedad, vi mi respuesta. Ya había desayunado, el desayuno fue alto en proteína, porque lo que estaba por venir no era nada fácil. Faltaba un poco menos de 20 minutos, en lo que me arreglaba, estaba seguro que se iba a cumplir la hora para poder llegar justo a la cita.

Termino de lavar el último plato y dejarlo escurriendo –that’s what she said- por lo que comienzo con los preparativos. Cogí mi chaleco lleno de plomo, ese de 15 libras que utilizo para caminar. Lo aprieto hacia mi cuerpo, que no quede nada suelto, esto me iba a funcionar como chaleco antibalas, porque uno nunca sabe cuándo aparece la ganga rival de peluqueros a querer ganar territorio. Me coloco la capa de lluvia que mi novia me había reglado para que mi chaleco blindado se disimulara.

Entro a esperar un par de minutos, la gente voltea a ver quién está entrando y más porque tengo el hoodie puesto, pero no para ir desapercibido sino para que no se notara mi cabello afro recién levantado. Me siento, me quito la parte de arriba de la capad e lluvia y se deja ver el cabello completamente alborotado. Los demás peluqueros voltean a ver con cara de sorpresa el matojo que está en mi cabeza, ¿cómo alguien puede dejar pasar tanto tiempo sin ir al peluquero?

Kenny, procede a hacer su trabajo, le enseño la imagen, Ah, al estilo Sanz me dice. Te paso entonces con la cuatro, Mejor con la dos, así me dura más tiempo el corte. Hago una medio sonrisa, la cual no les causó ninguna gracia a los demás peluqueros, que colocaron su mano cerca de la cintura palpando la empuñadura. No sé qué fue lo que pensaron, pero rápido continuaron con su trabajo peluqueando a los clientes.

Al igual que la otra vez, Kenny, me corta los laterales, me hace los arreglos pertinentes a la barba y luego me lava la cabeza, me hace el corte con las tijeras y al final me hace el peinado que llevaré por varios días. Me paro de la silla, pago lo que debo y me da la mano para despedirse, Espero verte pronto, levantando la camisa un poco, lo suficiente para dejar ver lo que se encuentra enganchado en la cintura. No sé qué es mi próximo evento, que a lo mejor sí lo veré antes de tiempo porque mis visitas a ese calentón están relacionado a los eventos importantes con ella. Porque llegar a un acuerdo con sagitario, es sagrado.

YO

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