Hoy me puse en el mood de la que está consagrada a Júpiter. Tocaba hacer ejercicio, pero era el tipo de ejercicio que comúnmente le llaman los mortales circuito para ejercitar todo el cuerpo. Por lo general, siempre que hay ejercicio de circuito, procuro irme a una de las 8 estaciones que esté vacía, porque a las seis y tantos de la madrugada, a no muchos les encanta la ayuda de Dios y puedo encontrar una estación para mí solito.
Veo que alguien va a iniciar en la estación donde yo quería comenzar, por lo que me voy a otra. De repente, una chica viene y se sienta en la bicicleta contigua. Sin conversar, ver, como normalmente hago, me pongo a realizar los ejercicios. Paso una estación, hago otra estación, me reto a mí mismo a quemar tantas calorías en los segundos destinados para cada ejercicio. Hago uno, hago dos, hago tres, hago seis, y de repente la chica comienza a buscarme y me dice, te me perdiste y pienso “se me fue el chico, que yo lo estoy siguiendo y hago lo que hace”.
Con una media sonrisa, porque mi enfoque no deja que tenga distracciones, seguimos haciendo ejercicio. Mi estado está consagrado a júpiter, en mi mente hablo conmigo, creo que la chica que está a mi lado me está queriendo ganar. Poco a poco veo como el ritmo de ella está bajando mientras que el mío, gracias a los 5 gramos de perco que me metí, sigo activo y con fuerza. De repente, mientras estamos en las bicicletas, ella se detiene y no empieza. “dale, dale, tú puedes mujer, no te quites” le digo todo esto en mi mente a la mujer de al lado como lo hiciera la verdadera consagrada a júpiter.
Me traías al palo, me dijo la mujer, algo que, con el problema que existe en el mundo de echar la culpa a otros con lo que uno se debe hacer cargo, es algo falso. Ella quería seguir mi paso, un paso que cabe recalcar, no es muy difícil de seguir. Tomando como ejemplo la forma en que yo realizo mi ejercicio, ella intentó hacerlo así.
Hace poco decidí utilizar las palabras, esto me va a ayudar a llegar a mi meta, y si es un no, lo dejo. La decisión de ser fiel a mi palabra y dar el ejemplo, ha tenido un resultado un tanto emocionante. Primero, he bajado unas cuantas libras, aunque mi ansiedad me llevó a flaquear, pero retomé el rumbo. Luego, vino la situación, Pero si tu no comes eso papá, por qué quiere que yo lo haga. Esas palabras me resonaron, hay que dar el ejemplo. Fue así, como comenzó mi travesía para comer aguacate, un aguacate que hasta hace poco no comía y tampoco era de mi agrado. Sigue no siendo, pero ahora lo consumo para dar el ejemplo, y pues en realidad no debe hacer daño algo que es considerado un super food al contrario, algún efecto positivo debe tener.
Siendo la razón del ejemplo que compré aguacates en Costco y los dejo en el refrigerador y saco uno para su maduración. Ayer, a la hora de la cena, lo abrí y lo puse en mi plato. Mmm papá, comes aguacatito. Quieres, Sí, dame. Luego de comer yo algunos bocados de salmón con limón y aguacate, mi hijo me solicitó, le partí unas medias rodajas y se lo puse en el plato. Esta vez, sí sonreí ¿Qué te pasa papá? Le dije que nada, simplemente me di cuenta de que sí, el ejemplo tiene mucho valor, y por eso es por lo que comencé para que me viera y el resultado es uno espectacular, un resultado que me da una emoción como pocas. La otra emoción no tiene que ver con comida, pero sí con los sonidos finales al comerme la papaya.
YO