Conocer desde el silencio, el arte de estar aquí…

Estuve en un viaje, un viaje que ha llegado a una parada donde la estación me mantiene queriendo estar en un presente puro y constante. Un lugar donde todo lo demás no importe y solamente logre identificar el aquí y el ahora. Sentir todo, ver todo, sonreír interiormente a los pequeños detalles y emocionarte al encontrar un árbol de tamarindo o ganarle a un pájaro una guayaba, esas cosas, han tomado un lugar importante en mi corazón.

Mi incorporación y práctica de la atención plena la he llevado a distintos rubros de mi vida, cuando leo, cuando siento mis manos tensas y regreso a practicar la respiración 4, 7, 8 y repetirme que todo está bien, cuando como y disfruto de la comida que me hice, cuando camino y siento cuando la planta del pie toca el piso y cuando escucho o leo un libro, trato de prestar toda mi atención. Ha sido un cambio significativo en mi vida, sin ello, seguramente estaría metido en un hueco oscuro, porque la vida a veces uno mismo se la complica y la hace creer que es más difícil de lo que en realidad puede ser.

La primera acción consciente que realicé fue estar presente totalmente cuando hablaba con ella, cuando me enfoqué en hablar y escuchar, hacer preguntas y responderlas sin siquiera titubear al respecto. El tiempo que estoy junto a ella, es un tiempo donde todo lo demás se va y yo regreso a mí, no necesito pastilla para dormir, no necesito teléfono para escrolear, no necesito caminata para estabilizar y mi mente por alguna razón está tranquila y serena.

Porque tener presencia es ha sido una acción que me ha abierto los ojos y sobre todo, lo disfruto mucho. Las idas al futuro y al pasado han formado parte de mi vida, y han sido causa de muchas insatisfacciones y dolores, hasta hace poco han seguido ocurriendo, aún no lo tengo controlado al 100 por ciento, pero es una intensión bien clara que tengo y por lo menos con ella va bien, quizás sea porque no nos vemos tanto, que sale más fácil esa acción pero lo que sí sé es que me gusta el resultado.

Así fue como la luz tenue generando un cuarto carmesí apareció, colocando música relajante, un cuarto un tanto frío y un olor vainillezco que sale de luz apenas visible de la vela. Un espacio que llamaba a estar en el momento y un deseo de disfrute total, de sentir, se añorar, de disfrutar, de conocerla, porque esa es la intensión, o mejor dicho, mi intensión conocer poco a poco todos sus gustos, disgustos, pasiones, lo que le causa alegría, felicidad, incomodidad y disfrute, sobre todo disfrute. Una necesidad de que cuando las dos pieles se rozan, sentir su presencia, su calor. Que sea el tacto que me guíe y el sonido que me reafirme.

Cuando paso mis manos por su cuerpo y mis labios dando besos de forma recta o a veces de forma aleatoria desde la parte de su boca hasta llegar a la puerta oculta entre sus piernas y comienzo a juguetear, rozar, acariciar, besar y pasar por toda el área y sentir como las gotas comienzan a generarse y el río a elevarse. Es el sonido que me muestra el camino correcto y las acciones por donde deben seguir. Es la presión que sus manos ejercen sobre mis hombros que me indican que la hazaña realizada entre sus piernas gracias al movimiento de mi lengua, lienzo de emociones logra generar un placer majestuoso y son las uñas que se clavan en mi piel denotan además del sollozo final que el trabajo ha sido concretado. Es un placer lograr sentir, conocer, aprender todo sobre ella y eso lo he podido hacer gracias a enfocarme, decidir poder estar dispuesto a aprender, a conocer. Sé que mi lugar es ahí, con ella en este momento de mi vida, porque el lugar correcto es donde el corazón está contento y el alma tiene paz. Dice un monje que la calidad de tu amor depende de la calidad de tu atención, y recomienda que preste atención, y ahora, ya sé cuándo lo estoy haciendo bien, solamente por decidir estar ahí.

YO

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.