Había comenzado con el sonido de la alarma causando un malestar emocional, porque el sueño aún era mucho. La noche había sido corta, pero por otras razones, razones sociales y de seguir fomentando la confraternización amistosa con personas que han tenido historia en la vida actual.
El mes ha sido uno extraño en muchas formas, unido con sentimientos encontrados, y pensamientos que no se detienen por imaginar un futuro catastrófico. Pero la automatización de la rutina no cambia, por lo que, “dormir”, despertar, atender al hijo, trabajar, regresar con el hijo, comer, jugar, dormir, ejercicio, y a veces, socializar. Todo sigue igual, y es así como te duermes pidiendo una señal.
Al realizar las tareas matutinas para ir al trabajo luego del ejercicio, el tiempo pasó volando y unos minutos más tarde de lo normal, la dirección apuntaba a Miramar, para entrenar temprano antes de ir a la reunión pautada en Carolina. La noche había traído lluvia, y la mañana continuaba igual. Los carros volvían a levantar la lluvia que estaba en el camino para llevarlo nuevamente al parabrisas del auto. Un momento de lucidez, un momento de presencia hizo que se viera hacía en frente. Un amanecer lluvioso con nubes grises pero pintadas de naranja reflejando el amanecer, los rayos calurosos que alumbraban el ambiente y decoraban las nubes. De repente, aparece un arcoíris, un Arcoíris casi completo que salía de lo gris-naranja y recorría un ángulo de casi 180 grados llegando al otro extremo a una nube blanca, la última nube antes de ver el cielo azul, antes de ver la calma y la claridad. Y entonces, como si el universo respondiera, ahí estaba la señal.
Una sonrisa apareció, una sonrisa que no había salido en un tiempo ya. El camino gris se convierte en uno brillante, lleno de vida, así como la tuya, se dijo. Y así lo soltó, soltó todo lo que tenía en su cabeza, su “preocupación”, su miedo, su “inminente” final. La vida es perfecta, ya está escrito en muchos lados y estudiado por grandes mentes. No hay que reinventar nada. Las cosas pasan en su momento, a su hora y de la forma que tiene que pasar. El destino ya está escrito, las cosas nacen con furor, pero, mueren también y así está puesto en la vida, es un ciclo natural. Ese arcoíris, además de sacar una sonrisa, de regresar al presente, dio paz, paz y aceptación.
Disfrutar el momento, disfrutar lo que se tiene, disfrutar de la vida y dejar que su curso continúe y que todo dure lo que tenga que durar, uno, dos, tres o 14600 días más, qué más da, si no se disfruta el que se tiene ahora. La preocupación se acabó, el esfuerzo se deja de lado, porque, así como los ríos fluyen sin esfuerzo alguno, sino naturalmente. Y así, con el arco de 7 colores como guía, se debe de entender que vivir no es resistir, sino «fluir.»
YO