Recuerdo exactamente el día que me dio un ataque de pánico por la ansiedad que estaba sintiendo en ese momento, nada especial, simplemente el engaño de la persona que amaba y la irremediable realidad de dejarla. En retrospectiva, es un gran desperdicio que fuera por esa la razón de mi primer ataque de ansiedad, debió haber sido algo más cool. Aún tengo en la miente, fue a mis 15 o 16, cundo en mi clase de inglés conversacional, la maestra gringa me pregunta si algo me preocupa si me pongo ansioso por algo y le dije con toda la sinceridad del mundo que no. A ella le cambió la cara, qué suerte tienes y te creo completamente. Parece que mi linealidad ha sido desde que tengo corta edad.
Yo había tenido ansiedad, mucho antes de que me dijeran que tengo ansiedad, en el 2004, cuando vine a visitar a la que conocí en México, tuve un ataque que sentí que era de corazón y fui a un CDT a que me hicieran un electro y encontraron ansiedad, que no lo llamaron así. Me dieron una inyección de relajante. Luego de eso, previo y post casorio tuve varios encuentros con Auxilio y su clínica de urgencias pensando lo mismo, cosas de corazón, que resultaba ser una falsa alarma. Luego de la visita mi mente se relajaba porque sabía que no era nada cardiaco y seguía con mi vida.
No fue hasta que me casé que me dijeron lo que era, le dieron nombre y cara a mi condición y me recomendaron ir al psicólogo por mucho tiempo, hasta ultimátum “si quería que esto funcionara y continuara”, era algo que tenía que hacer. No fue hasta que mi hijo nació que me sentí listo. Ya el matrimonio estaba en su fase más mala, que dije, algo tengo que hacer con mi vida, esto no puede ser lo que mi hijo vea todos los días, quiero ser feliz, quiero sentirme bien, quiero aprender a manejarlo y sobre todo manejar-me.
He vivido con ella, pero hasta hace menos de una década fue que le puse cara y nombre. Mi ansiedad es distinta a lo que he visto. La mamá de mi hijo es, o fue, ya no sé, ansiosa y lograba ver esos cambios erráticos en humor, en estado de ánimo, en no poder manejar ni controlar su comportamiento, en ser yo el que de repente pagara por lo que fuera que tenía, lo que piensa o lo que dice, el sentir que es el fin del mundo. Eso es contagioso, ese estado de ánimo contamina todo lo que está a su alrededor, infecta las fresas buenas que quedan en la canasta.
Es por eso que me he dedicado todos estos años a identificarlo y hacer algo al respecto desde que tengo a mi hijo. Aprendí que un niño, cuando apenas está en la panza, puede colectar las hormonas del cortisol y la ansiedad y llenarse de eso mientras va creciendo dentro de su madre, y en el caso de él, no tuvo el mejor proceso nuevemesino que digamos, por lo que sé lo que le espera y quiero que vea en mí, esa persona que sabe manejar sus emociones y ponerle nombre, pero sobre todo que vea como su papá lo maneja y supera.
La semana que está conmigo, dejo todo lo mío para dedicarme a lo suyo, jugar, entrenamientos, salidas, playas, sushis y parques o eventos infantiles y mis cosas que me mantienen a estar centrado lo dejo de lado. Es en esta semana que mi estado de ánimo puede cambiar, puede desbordarse y es él quien obtiene mi tono de voz más alto. Decidí ser egoísta, ser un tanto egoísta, el dejar algunas cosas de él de lado, algún tiempo de juego para dedicármelo a mí. Si su papá está bien, él estará bien. Lunes y miércoles iré a pegar puños y él me acompañará, verá como su papá se preocupa por estar bien y aprenderá que el ejercicio sana, el ejercicio estabiliza, el ejercicio te mantiene feliz. El resto del día, nos iremos a pasarla en la naturaleza, exploraremos y caminaremos, para seguir nutriéndonos de cosas buenas. Por él, hoy, mañana y siempre.
YO