Semsticio

Cuatro, siete, ocho, esta fue mi herramienta para pasar la semana más larga del año, tan larga que el solsticio de verano se queda corto comparada con la semana del 19 al 26 de mayo. Esta semana ha sido una de mucho aprender y sobre todo de entender a mi mamá y a muchas de las personas que por razones de la vida o de escoger mal, tienen a su cargo y sin ayuda, el 100% del tiempo a sus hijos sin ayuda de una de las partes. Es una semana de transición al verano, es una semana en la cual, el pequeño saltamontes salió del kínder pero no ha entrado al campamento de verano. Es así como él debe estar conmigo todo el día. Una semana en la que me tuve que quedar en casa “trabajando” remoto debido a mi falta de ayuda familiar para poder dejar a mi hijo con su abuela. Una semana, el 100% del tiempo con él.

No es una queja, es más bien una falta de manejo de energía, la energía no he logrado aprender a acomodarla y distribuirla como debe y sobre todo, lograr dedicarme tiempo a mí para poder ir a caminar o hacer ejercicio y por algún motivo existe una especia de culpa por poder dedicarme este tiempo llevándolo a él a aburrirse, pero luego me cuenta que los sábados con su mamá, está casi dos horas aburrido porque su mamá, su hermana y su madrastra van al gimnasio versión temu de lo que yo hago, entonces, por qué no hacerlo yo? A lo mejor, mi subconsciente me está saboteando porque sabe que el ejercicio no lo hago con gusto, sino por necesidad.

Inspiro cuatro, sostengo siete y expiro por la boca en 8 tiempos, eso por 15 o 20 minutos al día y baja mucha de mi ansiedad que puedo generar. Una vez la paciencia se me acabó, y el muchacho no se quitaba la ropa para bañarse luego de haberlo solicitado en más de 10 ocasiones, un juguete, una plática, una idea o cualquier otra cosa era la distracción para no realizar la tarea solicitada. “QUE TE QUITES LA ROPA, AHORA!” fue la palabra que dije en voz alta, a él lo tomó por sorpresa, porque por lo general eso no es algo que pasa, desde que tenía dos años y medio había logrado comprender que los niños no hacen nada para hacernos enojar a propósito, solamente que  están en su mundo. Al terminar el baño, cuento y oración le pedí disculpas, le dije que no me estaba sintiendo bien y que el levantar la voz no había lo mejor,  que me disculpara, pero que necesitaba saber por qué lo hice. Me lo dijo, que no había hecho lo que le había pedido y que lo había repetido mucho.  Le dije, con la voz calmada y la cara de culo, que necesitaba que él me ayudara con eso para yo poder mantener la calma en días que fueran complicados como ese martes negro.

Aplaudo y respeto a todas esas mamás, que como la mía, aunque tiene marido, lo hizo sola, con tres chamacos o a todas esas otras amás solteras que le tienen que meter cabrón y además estar presentes con los hijos, las admiro de verdad. No es nada fácil, pero aprendo mucho, aprendo mucho de mí y me doy cuenta que puedo con muchas cosas al mismo tiempo. Logro entenderme mejor, logro y mejoro mi paciencia, veo crecer a mi hijo y que siempre me diga, gracias a que estoy presente con él, que no se quiere ir a su casa y llora al separarnos. Lo veo crecer y sonreir y lograr cosas, graduarse de kínder y estar nervioso para entrar a primaria, lo veo conversar mucho con personas, como mi novia, que es la segunda o tercera vez que se ven, y sin problema alguno. Con todo eso, sonrío y me emociono una y mil veces porque lo estoy haciendo tan chido, que mi cara se pone de culo, pero de culo feliz.

YO

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