Hay de expertos a expertos y hasta el día de hoy no conozco a un experto en huevos más experto que mi novia. Este pasado fin de semana, pasó algo que me dejó atónito. Mientras ponía cinco huevos en un plato, una pequeña parte del cascarón se me fue dentro del plato, pasé un rato peleando con las yemas y claras tratando de sacarlo para que no fuera la sorpresa como en la rosca de reyes. Resulta que huevo atrae a huevo y me dijo, usa el mismo cascarón para sacarlo. Así, como maestra en el arte de la atracción huevística, tomó el cascarón y en tres segundos, sacó el niño Jesús de la rosca, yo llevaba minutos tratando de sacarlo con el tenedor y ella, Usa el mismo huevo, imberbe.
Entonces, ya puestos en este tema y viendo ese expertiz, esa pericia, esa conocimiento y destreza huevociana, le pregunto sobre un dolor que estoy sintiendo en mi bola izquierda. Como trabajadora de doctor, y con toda la confianza del mundo me dice que busque Hidrocele en google. Como buen mexicano, el dolor no me impidió meter de nuevo, aunque durmiera con una botella de agua congelada entre las piernas.
No he sacado cita con el doctor, pero sí he tomado mucho jengibre, té de jengibre, un jengibre que llevaba tres meses en el refrigerador y gracias a mi mal encontrado, salvé lo salvable y lo licué junto con agua, cúrcuma, canela y pimienta, para preparar té, un té des inflamador que me ayude a disfrutarla en el próximo fin de semana que me toque estar con ella.
Por ahora, me acurruco en la cama, acostándome del lado izquierdo, izquierdo sin convicción, para manejar los jugos gástricos y para que la botella de agua congelada no se escape de su lugar en que debe estar por los próximos minutos, mientras tanto, una meditada para ir generando eso nuevos hábitos atómicos que me moldeen, porque esto no es cuestion de suerte, porque para suerte, esa ya la tuve cuando ella le dio a la derecha luego de ligar las fotos y pensar A qué sabrán lo huevos rancheros.
YO