Bueno, ya sé que mi aura es de un color ahí medio violetita, mis dos auras, y creo que es ese tipo de energía que hace que la gente confíe en mí y me cuenten sus cosas. Como que les genero confianza, no entiendo. Y estas últimas semanas se han acordado de mí y llamado para contarme sus cosas o invitado cervezas para psicoanalizarnos mutuamente. De este modo fue que comenzó esta historia, de otra persona que me contactó y me contó su proceso. Tenía muchos años sin saber de él, mi amigo Niego, y por casualidad nos encontramos en el gimnasio.
Me dijo que se había casado, pero que también divorciado y que tenía una niña de casi seis años y le hice la pregunta de rigor, y cómo estás, me dijo que bien, que estaba trabajando sus cosas con una psicóloga y que llevaba más de 5 años con ella que me la recomendaba, se llamaba libis. Me dijo que había comenzado gracias a que su esposa, en ese tiempo, le había insistido en que tenía que ir a terapia porque si no las cosas se iban a terminar. Ella ya tenía experiencia en esa rama, por lo que lograba “identificar” que él necesitaba hacer unos cambios. Por miedo de perder la relación, me dijo, fue a terapia y no paró desde entonces.
Poco a poco se fue metiendo más a fondo, seleccionando terapia de pareja como opción, leyendo de budismos y distintos libros de autoayuda. Se dio a la tarea de comprenderse y conocerse. Trabajó su inteligencia emocional, que viene del latín intellegere, que quiere decir “mirar adentro”. Y fue así como poco a poco, fue sobrepasando en inteligencia emocional a esa persona que insistió en que fuera, y me dijo que le agradece por ese empujón. Aprendió a saber qué quiere, qué no quiere, a poner límites y sobre todo a sentir la energía de los otros.
Fue así, gracias a todo esto que ha vivido, aprendido de él mismo y cambiado, que tomó una decisión. Había dos opciones, o seguir en un lugar donde sabía que las cosas no iban a cambiar, donde no iba a existir comunicación, no iba a existir empatía, donde el 90% del esfuerzo iba ser de él, donde nada de lo que hiciera iba a satisfacer las necesidades del otro, o irse. Me cuenta que se puso a meditar tres veces al día por 20 minutos por dos semanas sin parar, que le pidió ayuda al universo y que le decía, dame una señal. La señal llegó, tú estás cargando esta relación. Al despertar le llegó a su mente de cómo le habían aceptado que ella estaba de brazos caídos, de cómo los lenguajes del amor eran totalmente opuestos y que su niña merecía algo mejor. De este modo fue que le dijo que deben ir pensando en la separación. Otra cosa que le agradece es que ella dijera, pues dale ahora te vas, y eso hizo, se fue, porque si no fuera por ese empujón, si ella hubiera dicho, pero por qué, vamos a hablar, seguramente seguiría ahí.
Me dice mi compa, que todo esto que ha trabajado en conocerse, en identificar los sentimientos, en tratar de seguir a su intuición, todos estos años de terapia, le ayudo a darse cuenta de que la vida le había dado una gran lección y le había puesto a una persona en su vida de la cual, le agradece infinitamente este crecimiento, esta experiencia de vida. Seguramente, me dijo, por más que intentáramos esto no iba a funcionar, las heridas de ella y de él eran muy profundas y después de tanto tiempo estudiándose, ya estaban en lugares diferentes. Esto le ayudó a ser y estar feliz como una lombriz, soltero y dedicado a su retoño, me dijo. Viendo el futuro es como construimos nuestro presente, y yo no quería eso para mí por los próximos cuarenta soles, me veo sonriendo, me dijo.
Me alegré por él mucho y me puso también como lombriz. Yo escuché, escuché mucho, así como lo recomendó el libro y como lo recomendó el doctor Amen. Lo único que le dije fue, yo tengo novia y estoy enamorado, muy enamorado y emocionado. Pónganse los guantes, y comenzamos con Jab y Recta, se escuchó y dejamos de hablar.
A veces se nos olvida la grandeza que hay en nuestro interior, pero ya no.
YO