Mi burbuja es genial, y mi ser grupi es mejor. Ayer fui a un festival al segundo mejor barrio de Puerto Rico, el barrio Mameyal de Dorado, donde no se puede construir nada por el tipo de suelo. Dicen las malas lenguas, que las navidades borincanas comienzan cuando el festival Color Caribe, comienza, aunque apenas lleva cuatro años de existencia, creo que estos tipos se atribuyen demasiado.
Pues bien, resulta que el domingo era el día familiar, el día de los niños donde grandes grupos como un mago iba a estar y luego un payaso mago ahí. Llegamos temprano, y poco a poco se fue llenando de personas, familias que llevaban a sus hijos a que cogieran aire y sacarlos de la tele. Los dos primeros eventos estuvieron buenos, pero luego vino un evento que, me dejó anonadado, estupefacto, atónito, perplejo, desconcertado, pasmado, boquiabierto, pero sobre todo me dejó absorto.
Comienza una señora a animar, la tarima se comienza a congestionar, a llenar de niños y padres, pero de estos padres, que creo que, por la naturaleza del festival, de padres cuarentones hípsters, de estos que tienen tenis vans con calceta blanca alta, tatuajes, short cortos y tshirts con su gorra pícalo comprada en el Nido. La animadora manda traer a una lagartija y comienza a sonar una canción, todos, y cuando digo todos es todos los padres e hijos comienzan a cantar y bailar al unísono, haciendo la coreografía mientras yo, como ya dije, observo absorto lo que está pasando a mi alrededor. Luego de eso llega un ángel que también hacen los pasos y al final un sapo, y fue ahí donde los gritos y ovación de chicos y grandes ocupó el espacio, mis ojos estaban grandes, muy grandes.
Ya esta es la segunda vez que me he sentido así, la primera fue cuando fui a ver un grupo de esos peludos de la UPI, de los bien nombrados grupos comunista, Fiel a la Vega. De los Vega de Ciales. Pues resulta que la difunta administración quería ir a ver a ese grupo al cuál, luego de casi 20 años de vivir en este país, de haber perdido mi mexicanidad fonética, no había logrado hacerme escuchar a este grupo izquierdista. Cuando fui, no me supe el 99.9% de las canciones y estaba en un limbo lirical, pues en menor proporción me sentí ahora. Estaba fascinado con el chorro de hípsters cantante y bailando al ritmo de un sapo, es-pec-ta-cu-lar.
Ahora, la misión es seguir al sapo a todos los rincones de la isla y comprarle una gorra pícalo y vans a un hijo que ya tendrá tatuajes de henna.
YO