Y se marchó

Fue una gran fecha, gran fecha para aprender de redes de acueductos y para estar en El país, ese país que me vio nacer y que, mexicano por fortuna, regreso. Me da mucho orgullo todo lo que tiene México, toda la comida y sobre todo, las tradiciones. Por alguna razón, mientras recorría ese “parque de diversiones” conmemorando la muerte mi pecho logró inflarse, luego ir al panteón donde la noche no existía sino que existía un atardecer perpetuo por dos días, un atardecer naranja creado por las flores y las velas que iban dibujando el camino a esas almas que querían pasar un buen rato por unos minutos con los suyos. Esto fue una locura, una locura buena y un amor por lo que soy y sobre todo un amor de donde soy mucho mayor.

Luego de eso vino la comida, qué básicamente fue lo que nos pasamos haciendo, comiendo, comiendo de todo, oliendo de pasada y llenando el alma de sabores imaginarios. Mis papilas gustativas nunca estuvieron tan activas como en esta ocasión, salivé como perro de Pavlov con cada imagen que me venía a la cabeza y que terminaba comiendo. La comida vino de todas las formas y de una gran gama de lugares. Desde tacos de la calle, elotes en todas las paradas, panes de todos tipos, papas con chiles, restaurantes tradicionales, restaurantes no tradicionales, lugares recomendados por los reels hasta unos con estrella Michelin. Cada uno de esos actos, era un gusto por estar ahí.

Este viaje lo disfruté más que la última vez. En esa época yo ya estaba perdido, no disfruté a mi familia, no disfruté del lugar, no estuve presente, fue uno lleno de estrés y enajenamiento por querer salvar algo que no tenía ni por qué comenzar. Ahora, fue diferente, con ella la pasé genial, me dejó ser, ella fue y fuimos, nos integramos y disfrutamos. Comimos, vivimos, chingamos, conocimos y vivimos. Agradezco tanto que haya llegado a mi vida una persona así, tan extraordinaria y sobretodo empática y considerada. Estuvimos 8 días de los cuales conoció a casi todo lo que me representa, lo que me importa, amo y enorgullece. Le di las gracias por el viaje, también le dije que el próximo será con ella nada más.

Todo lo vivido en los pasados días, tradiciones, comida, familia me dio mucho orgullo de mi origen, mucho orgullo de mi pasado, mucho orgullo de lo que soy y en lo que me he convertido. También muchas ganas de quedarme allá, muchas ganas de regresar, con ella, pero regresar. Aunque, los mexicanos dejaron claros que no sueno mexicano, pero mi novia, que por cierto, tuvo la oportunidad en varias ocasiones de pedir mi mano, dejó claro que mi cara dejaba saber que sí lo era, ese nopal en la frente no se quita ni se borra con 20 años fuera. Ya no soy de aquí, no soy de allá, pero lo bueno es que soy, y soy una persona feliz, así me lo hizo saber mi tía, esa tía que advirtió y predijo mi infelicidad que duraría muchos años. Ahora sonrió y volteo a ver mucho a mi amá diciendo que me veo feliz, que nos vemos felices, que le da mucho gusto que volví, pero no por ir al país, sino por volver a ser ese ser con mucha luz, luz que re apareció poco a poco luego de la administración anterior y que ahora, con la nueva administración parezco un puto faro que ilumina a todos lados.

Pero que se podía esperar, si esta talasofilia, también es por ella, un amor, una fascinación y una admiración gigante. Hubo una cosa buena adicional, no llovió, no llovió en todo el viaje, en cada uno de esos lugares que se visitaron, y menos mal, porque la lluvia y yo teníamos las mismas intensiones, mojarla.

Dicen que se perdió, que no parezco, que no sueno, pero hoy más que nunca lo tengo y lo llevo tan impregnado en mi ser, que ya no me importa que digan mi amigo mexicano, mi novio mexicano o ese pinche mexicano.

YO

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