Sin avisar.

Por alguna razón, y probablemente una razón muy válida, se tenía un respeto a Moctezuma y a su mal, o mejor dicho a la venganza de Moctezuma y esa diarrea del viajero que sufren los turistas que visitan México por su comida o agua. Entonces, ya se había llegado al país, a la patria, a reconectar y a re mexicanizar el cuerpo, el alma y el hablar.

 El viaje fue uno largo pero fluido, no existió problema alguno y se llegó al destino a tiempo, cansado y hambriento. Una comida a las 10 de la noche, dos opciones, tacos de lengua, sesos, ojos y todo lo demás o comenzar con unos tacos de carne asada, tortillas de harina estilo Sinaloa, y por supuesto, esa fue la elección ya que, uno, ya habían sido aprobados por los sudcalifornianos y dos, no se podía perder esa oportunidad, ya que de los taquitos esos hay por todos lados.

Después de manejar por varios minutos, se llegó al lugar, a meter esa primera comida al cuerpo. Nos recibe un puesto, un lugar cercado, abierto a la lateral de la calle, con las salsas y cosas sobre la mesa. El nervio estaba presente, su cara lo dejaba notar, era evidente. Me da un poco de nervio que sea el primer lugar que va, inmediatamente baja del avión, pero mi boca lo quería, ya estaba salivando simplemente de oler esa carne, por lo que nos sentamos.

Se le da una pequeña explicación de la diferencia entre una chorreada, un vampiro, un taco toreado y de asada de maíz o harina. La duda estaba aún, pero un par de tacos de tortilla de harina y una cosa con nombre raro fue lo que se seleccionó, además de una botella de agua, para no tentar al destino ni a Moctezuma. Una experiencia fuerte para una recién llegada donde, de viajes anteriores a la tierra prometida, la habían traumatizado con comentarios y miedos de comer en la calle o hielo o ensalada o cualquier cosa que no se viera remotamente limpio.

Entonces, se lleva a la novia desde el 25 y prometida desde el 30 a un lugar, que para parte de su combo hubiera sido un sacrilegio. Pero bueno, lección aprendida, nunca confíen en un hombre que te haga reír, porque entre risa y risa te pone en cuatro y no te avisa.

Hasta la próxima.

Yo.

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