Un jueves negro

Fue un jueves negro, no tan negro como los que ha sufrido Wall Street, simplemente fue uno complicado. Era el día en que el primogénito, regresaba con su mama ya que él había pasado casi tres semanas conmigo. Le fue difícil esa realidad y más cuando la maestra principal no estaba y la sustituta tomaba su lugar. Fue el primer derrame de emociones que vi sufrir a mi hijo desde que lo sentamos a sus tres años a decirle que papá no iba a estar viviendo más en la misma casa.

  Las lágrimas le cayeron por la cara, los sollozos fueron interminables y su papá, tratando de que no lo viera llorar también, porque debe sentirse seguro y debe tener un ejemplo, así que evité que me viera a la cara por un instante, mientras yo me calmaba. Papá no te vayas, papá no quiero ver a mamá, papá último abrazo, papá, quiero parar de llorar, todo esto mientras los otros niños estaban en la clase. Siento que algo le pasa a mi hijo, y no tengo ayuda para él, por ahora nada, de cierto modo me siento culpable.

Luego, ese mismo día, pero ya por la tarde, salió en la conversación del comediante que habló de los distintos latinos y cómo los puertorriqueños son los latinos Premium por tener papeles gringos, pero siguen siendo latinos porque se les va la luz. El comentario que hice fue “porque como nos dicen a los puertorriqueños”, seguí en esta conversación cuando de repente me doy cuenta, que el mamabicho éste, se había incluido como un puertorriqueño más y no como un mexicano nacido, criado y orgulloso de serlo, ahora su casa, su hogar es donde está el corazón, y éste está en el Este, eso me dijo el pajarito.

Llega el viernes, día después de que fue trágico de algún modo. La ansiedad se trepó, la ansiedad llegó a su límite porque la amígdala no se estaba comunicando correctamente con el hipotálamo para dejarle saber al hipo que todo estaba bien, que lo sucedido el día anterior no tenía por qué arruinar el presente. Sin embargo, por falta de meditación la amígdala estaba un tanto inflamada y esto seguramente por la falta de disciplina o por tener tanto en mi plato y aún no saber manejarlo correctamente. Tan mal estaba, que salí corriendo de la oficina luego de haber practicado uno de los demos, me fui porque hasta soplos estaba sintiendo.

Pero, como a veces me repito y tengo un tanto de razón, y me lo recuerda el gran filósofo y patriota puertorriqueño, Héctor Lavoe, cuando me canta al oído Todo tiene su final y nada dura para siempre, así fue mi ansiedad, mi novia llegó tan linda como siempre y lista para irnos al date, para irnos a sentaros a disfrutar de una imagen d comida y a beber para poder reconectar, para volver al presente, para soltar hormonas que me van o a lo mejor, nos van a ayudar a estar, a ser y a sentirnos bien. Y así fue, así ha sido, cada día mis niveles hormonales de felicidad y tranquilidad se acumulan y se guardan en la cajita semanal donde irá tomando prestado esos días en los que no nos vemos.

Ella me dice, Es que estás tan solo, y la verdad es que no, no me siento solo, me siento mejor que nunca, me siento tan lleno de entusiasmo y emoción por el viaje y lo que será después del viaje y lo que será el próximo viaje y el otro y todo. De nuevo pongo a prueba mi amígdala llevándola al futuro, pero que se joda, porque mi propósito del nuevo año, además de que mi relación continúe igual y mejor, llenar mi vida de sabrosura y contentura con ella y toda esa gente que me hacen sentir que esta mamabicha isla, ahora también es mi casa, casa de éste y todos los mamabichos habidos y por haber.

YO

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