Me lo chupé

En esta nueva aventura que comenzó hace un poco más de cinco años, la crianza, he aprendido varias cosas, entre ellas lo que significa para un niño tener un pacificador. Algunos tienen trapito, otros un muñequito y otros se chupan el dedo. El que mi hijo encontró, porque no puedo decir que él lo decidió así, y menos a los seis meses, fue el chuparse el dedo. Ya de más edad, unos cuantos meses adicionales, andaba con su sabanita de arriba abajo,  cogiendo la sabanita con la misma mano con la que se chupaba el dedo. Colocando estratégicamente la sabanita sobre la nariz y succionando el dedo con un estilo inigualable.

No sé qué poder le da, pero cinco años después, de la sabanita no le queda más que un pedacito de trapucho, el cuál no lo deja. Cada que se sube al carro, va con el trapucho y con el dedo en la boca. Cuando va a la escuela y estamos a punto de bajarnos, me dice Espera papá, toma el trapo asqueroso ese, lo coloca cerca de la nariz, mete el dedo a la boca y le da dos o tres buenas cacháas al dedo antes de colocar el trapejo en la mochila y salir renovado.

Así que, luego de saber que tiene las cacháas y el trapejo consigo, me voy tranquilo al trabajo. Llegando a la intersección de la Muñoz Rivera esquina con Ave. Universidad, veo un Toyota Corolla con una chama, más o menos entre universitaria y de maestría manejando. Pero eso no fue lo que me llamó la atención, sino que ella tenía una toalla, de esas chiquitas, de cuadrito, tomada en una mano con la que tenía el dedo metido en la boca. Todas las posibilidades de traumas que ella podía tener me vinieron a la cabeza, junto con muchas preguntas.

Y si eso puede mejorar mi día, lo hizo para ellos dos. Por lo que al detenerme en el semáforo que está antes de llegar al Pollo Tropical,  reviso a la izquierda y luego a la derecha en busca de no tener a nadie cerca, ningún testigo que presenciara lo que estaba a punto de hacer, ya que no he ahumado los cristales del carro aún, por pura desidia. Al ver que no hay moros en la costa, que no hay cocas en el refri, asegurarme que la costa está despejada, quito del volante la mano derecha, coloco la mano en forma de puño y levanto el dedo gordo como si fuera a pedir un aventón y acto seguido, le meto mis cacháas también.

La verdad es que me sentí bien pendejo haciendo eso, pero bueno de algún modo tenía que bajar este humor que me tiene hablando un poco más alto que de costumbre al crío. Luego me vino a la mente, y si en realidad la chamaca está practicando solamente el acto de chupar? Porque mi novia me ha dicho que ella tomó unos cursitos de educación continua, por ahora, mejor medito en lugar de auto chuparme, que para chupar, prefiero el de pana-pen.

YO

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