Hojas, ojos, meados

Me vine, pero no de vacay, me vine a estudiar y mientras estudio y aprendo, pues aprovecho para ver nuevos paisajes. Uno de mis sueños ha sido viajar en cambio de temporada de los bosques gringos. Me encantaría ver cómo las hojas de los árboles cambian de color, cómo una caminata por el bosque por la tarde te sorprende con colores, más allá del naranja del sol, el verde, los café, los amarillos, los rojos. Ver cómo un mismo árbol puede tener distintos colores.

Estamos a mediados de septiembre apenas, y estar a 34.79 grados latitud norte y -80.40 longitud oeste me ha dado la oportunidad de ver un poco lo que sería estar en ese tipo de ambiente. El camino que me lleva del hotel a la oficina, verde es lo que más hay, pero por ahí se asombra uno que otro árbol con canas, un árbol preparándose para invernar, para volver a comenzar en marzo o abril. Todos los cuatro días que llevo pasando por ese camino lo veo, veo ese árbol y me saca una sonrisa imperceptible. Nadie la ve, y nadie sabe la razón de esa media sonrisa, solamente yo y ahora el mundo. Doy gracias de poder ver una pequeña probada, una muestrita de lo que será verlo, y me pongo feliz.

En otros cuentos. Todos los días desayuno un té de mate, me siento cojo agua caliente y le pongo la bolsita, luego de tomármelo, le vuelvo a echar agua y lo cierro con la tapita plástica. Todos los días incluso hoy. Al tomar el uber, me ha tocado ir a frente, llevo mi mochila y el vaso con té. Por alguna razón, los uber gringos tienen ocupado el asiento de enfrente y deben limpiarlo para que me pueda sentar. No ha habido día en que piense que algo va a pasar con el té, el sentarme, la mochila, el ponerse el cinturón y todo el mierdero que hay que hacer para poder sentarme. El día de hoy pasó, me oriné y me calenté los huevos. Por descuido, mientras me pongo el cinturón y dejo el vaso ahí en equilibrio se, se desequilibró y me mojó el pantalón de líquido mateoso caliente. Lo bueno es que hacía frío pero lo malo que parecía meado.

Sin pudor alguno, entro al salón de training, ya lleno porque se nos hizo tarde, y yo entro con la mancha grande, ahí, exactamente donde a mi novia le gusta montar. Veo que me ven, los veo verme y yo como si nada, Qué nunca han visto a un meado por ahí, fue mi pensamiento, pero bueno los árboles y las hojas están bien chingonas y algún día, algún día lo veré.

YO

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