La naquería no tiene límites

Ya se había tardado, no tenía mucho que había pensado en cómo este muchachito es muy suertudote y no ha tenido ese tipo de problema, como lo tiene todos los niños o por lo menos la mayoría.  Ya él se rascaba la cabeza como un demente cada, en su otra casa no le lavan la cabeza muy seguido, será por flojera o porque tiene el pelo largo o porque así es la mamá que se lava la cabeza una vez a la semana, pues así es el niño. Como sé que corre todo el día, suda, procuro hacerlo de tres a cuatro veces, en mi caso, primero porque Ay fo, segundo porque yo lo hago dos veces al día.

Fue el miércoles, que fue a clases de gimnasia por primera vez que lo vi rascándose la cabeza a cada rato. Se me hizo raro pero no lo suficientemente raro, ya que era común que lo hiciera. Así pasaron los días, no se rascaba la cabeza tanto, a veces sí, por lo que le ayudaba a lavarse la cabeza más seguido, hasta le comenté que a lo mejor tenía piojos, así de la boca para fuera, pero no hice por ponerme a revisarle el cabello.

Supongo que fue que le dijo a su mamá que a lo mejor tenía piojos, como le dije yo, y la mamá sí decide revisarle y cuál es la sorpresa, que me llega el mensaje, para avisarme o reclamarme no lo sé, pero siendo como soy y las experiencias vividas y los traumas no solucionados del todo, lo tomé de la segunda forma, El chilpayate tiene piojos, llegó y en visto lo dejé.

Así que, cuento el chisme y corre como pólvora. Tengo tareas que hacer, plan de contención así que limpiar, lavar, aspirar, agua caliente, secadora en high, vinagre, shampooses y todas las cosas necesarias para eliminar la plaga bubónica que afecta el espacio. Ya había se había hablado de cómo una naquería quería creó otra, pero más bien se puede decir que el sentirse cómo y seguro con las naquerías despertaron naquerías dormidas, naquerías que sufrían en el interior y rogaban por salir, algo así como los racistas gringos ocultos en las sombras hasta que llegó el pendejo mayor.

Mi hijo tenía el pelo largo, le gustaba tenerlo así, pero dado las circunstancias hubo una poda masiva para facilitar el escrutinio y destrucción de los bichos raros que se apoderaron de su cabeza. Pensaba que mi naquería era grande, pero no, a mi hijo le cortaron el pelo y le hicieron un corte al estilo de peso pluma, uno pensaba que había límites en lo naco, pero no, parece que ni el cielo es el límite para eso de ser naco. Yo, gracias a mi hipocondría, siento que los bichos que migraron de la cabeza de mi hijo hacia mí, por dormir dos noches en mi cama  me caminan por todo el cuerpo y estoy rascando mi cabeza cada medio segundo, pero eso no lo es importante, por ahora mi finalidad antes de irme de viaje es convencer a mi hijo en hacerle un corte de pelo decente y volverlo hacer gente.

Por un mundo naco naco pero no tanto,

Yo

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