Durante mucho tiempo había ignorado la gran mayoría de lo que me hacía feliz, y creo, que aún sigo haciéndolo, no logro identificar cuál es mi medicina. Sin embargo, tengo muy presente la satisfacción y gratificación instantánea qué he tenido. Una de las grandes delicias y felicidad había sido comprar una bolsa de doritos, en esa época que aún eran más chips que aire, colocarlas en un plato, llenarlas de limón y salsa Valentina, esto junto a una coca cola bien helada, casi a punto de congelación y tirarme en la cama a ver Netflix, ese era mi momento de felicidad del día.
Para mí, el cuarto ha sido el espacio que más tiempo paso de la casa, de cualquier casa que he tenido. Y no precisamente para lo que lo uso cuando me toca estar con la novia. Al generar un mapa de calor de la casa tomando en cuenta el tiempo que se pasa en cada uno de los espacios, sin lugar a duda estaría ganando en más de un 70% el tiempo que paso en el cuarto cuando estoy solo en la casa.
Creo que esto se debe a que, cuando tengo un tiempo libre, lo único que quiero hacer es tirarme a la cama a comer y ver cosas, cualquier cosa casi siempre. El trabajar, cuidar, jugar, limpiar, lavar, socializar, cocinar, planificar la semana, ejercitarme, ir de compras y hacer todo me drena mucho y mi safe zone es comer, beber y ver en la cama.
Hay teorías que hablan del respeto que debe de tener el espacio donde uno duerme para que el cerebro sepa que es hora de descansar, pero el mío, mi cerebro lo he entrenado multitasking y sabe que ahí duerme, pero también se bebe, se come, se fuma, se ve, se lee, se juega, y se revuelca. Mi novia tiene otras reglas, ella sí lo ha entrenado bien bien, ahí no se acuesta uno sin bañarse y tampoco se come, según me dijo. Dejándome claro las reglas desde el principio las pretendía acatar.
El 9 de agosto a las 7:52 PM de la noche fue la primera vez que entré a su espacio, al espacio inmaculado de la novia. Ese primer día luego de la magnífica cena, alterada en su receta, la bebida y la drogada, nos dormimos alrededor de las dos de la mañana. La mañana siguiente, desayunamos en la mesa pero luego de tener la panza llena y el corazón contento, nos fuimos a ver el programa de moda, rompiendo todos los records de audiencia de habla hispana, Blind Love, México. El sexo, presenciado por lo niños interrumpió el capítulo. Luego de que los fluidos salieron de un lado y entraron a otro para volver a salir después y la frecuencia cardiaca y respiración cogieran su ritmo natural, me pregunta si quiero algo. Helado de parcha con galleticas.
Desaparece del espacio, y así como una obra, vuelve a aparecer caminando por el pasillo, sorteando a los perros dormidos ahora, porque la noche al parecer no está hecho para eso, entra al cuarto con un plato con helado y galletas para dármelo y poder comer mientras se reinicia el capítulo del amor en la tele. No estaba prohibido comer en la cama, fue la pregunta. Te lo ganaste, con ese polvo que me echaste te lo ganaste fueron las palabras seguido de una sonrisa y no recuerdo si un beso también. Rápidamente mi mente de exingeniero se puso a descomprimir el significado oculto en esas palabras.
Al final toda ley tiene su excepción, mejor conocido como un loophole. Siempre y cuando los polvos que tengamos dentro de esas cuatro paredes sean monumentales, que sobrepase la expectativa, que los vecinos escuchen las cochinadas, entonces yo me gano el derecho de ver la tele tirado en la cama y comer al mismo tiempo, y esta es palabra del señor, pero sobre todo palabra de ella. Y su señoría, tengo pruebas de ello.
YO