La moraleja

Nunca lo aprendí, no lo aprendí por imitación, no lo aprendí como lo hacen los niños, viendo a los adultos su comportamiento y siguiendo los ejemplos. En mi caso fue distinto, tuvo que llegar una chica a mi vida que le encantaba hacerlo, y pues, por tener algo en común, lo hice. Fue así como en el 2007 fui a tomar clases de baile, clases de salsa específicamente, allá en Río Piedras, en Taller C. Fue una tarea ardua para llegar a lo que soy hoy, ardua y persistente. En ese lugar tomé tres clases básicas y una clase intermedia, clase que me quité a más de la mitad de las lecciones porque mis pies no podían seguir el ritmo avanzado de mover un paso hacia adelante, hacer un coteo, regresar al medio y luego al otro conteo el otro ir hacia atrás.

Mucho tiempo, después de eso, poco a poco fui escuchando el ritmo, encontrando el conteo interno que lleva la música para que mi pie pueda ir hacia adelante en el momento correcto. Otras siete o diez clases llegaron, entre básico plus e intermedias, pero mis favoritas siempre fueron las básicas, porque de ese modo, engañaba y me engañaba de que a la primera me salen esas vueltas.

Desde entonces “bailo” y me ha llegado a agradar, me hace feliz dar unos pasos de salsa, que cabe recalcar, que por alguna razón son puntos extra al momento de entablar una relación con una autóctona. Mi rutina es simple, al hablar, “Tengo perfeccionado mi paso de salsa, un paso al frente y luego atrás viendo al piso para no tropezar” y, como en básico, la sorpresa de la pareja de baile, llega. ¿Un engaño? Puede ser, pero prefiero llamarlo una gran sorpresa.

Luego de ir con mis compas féminas a un baile, y que tomaran un video donde intento dar vueltas a una de ellas con una mano monga y suave, personas que conozco se asombran, Ese eres tú pregunta alguien, No sabía que bailabas, dice otra persona, Tienes que avisarme para ir, me dijo otra. El baile ha sido un gran, le dije a mi má, y luego del ceviche vamos a la fiesta patronal para que escuches al grupo más importante de Salsa de Pe-Erre. Ta bueno mijo, Me gusta bailar con la novia, le dije, me hace sentir bien. No es cómo te hace sentir, dice el padrecito, me dijo muy seria, y me dijo otra cosa que es bien importante y me hizo todo el sentido del mundo, y llegó a mi pensamiento las palabras de mi prometida “tu mamá es muy sabia” pero la neta, se me olvidó.

Estoy seguro, que como en todas las historias, hay una moraleja y una enseñanza en esta historia de superación de un niño especial con dislexia de pies izquierdos, pero de esa moraleja, tampoco me acuerdo.

YO

pd: ¿y si la moraleja es? ámate a ti y luego a tu novia o con especial es mejor que sin especial o dale que tú puedes o mejor inventa la tuya.

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