Sé que tengo que hacer un mayor esfuerzo, por el bien de mi chilpayate, de tener conversaciones random con gente que no conozco para que él vea de qué lado masca la iguana, pero también creo que esa es una decisión que yo puedo hacer, cuándo y dónde me pongo a chismear con la gente, con el pueblo, mi cuerpa – mi decisiona. A qué viene esto, pues como en el trabajo, la gran mayoría de los días llevo comida de casa junto con un chorro de botanitas para las horas intermedias entre comer e irme. Entonces, disfruto comer después de unas horas de arduo trabajo y más disfruto hacerlo en mi espacio, tiempo y escuchando o viendo alguna porquería en mi celular.
Pero la vida quiere enseñarme algo, primero, que hay gente más allá de las fronteras, y que esa gente habla con cojones, necesitan hablar. Resulta que en mi trabajo no soy el único cool, hay otra persona que se podría considerar así, pero no tanto porque en su país no hay tequila, tacos, mariachi o cielito lindo, hay cosas chafas, pero bueno, ella viene de otras latitudes también y no mames, cómo le gusta hablar.
En el área de la cocina hay una mesa, pero esta mesa tiene una sola silla, mi silla. Yo me siento allá, solo, sin el resto de la gente que come en otra mesa con muchas sillas. Salgo, me llevo mi agua, audífonos y teléfono, a veces caliento la comida, otras veces no, no me importa, coloco el teléfono sobre la mesa, tengo los audífonos bien grandes, pongo algo estúpido para ver y comienzo a comer sin gente, esa era mi vida, lo era hasta que esta persona me comenzó a hablar. Me habla porque quiere aprender, me habla porque dice que sé un montón, que toda la gente me pregunta y respondo, que estoy en todos los proyectos de la oficina, que cubro todas las bases y que le sorprende que, con tantas mierdas en mi plato, pueda mantener esta calma. De un tiempo para acá, ha comenzado a hablarme, hablarme mientras como, hablarme con los audífonos puestos, a hablarme en mi tiempo. Ha habido momentos en que ella se sienta en la cocina, entonces yo me quedo en el otro espacio, no hay nadie más y ella sale a sentarte afuera para “hablar”, en otras ocasiones, come parada en la cocina hablando. Entonces, intento prestar atención, dejo de ver lo que veo, le respondo con la boca llena para ver si le da asco y así no me habla, pero no ha sido suficiente. Ahora, como en tres minutos, me atraganto y vuelvo al escritorio, ahora intento comer más temprano o incluso he comido en el escritorio que uso, rehuyendo de cualquier interacción.
Me gusta interactuar, entiendo que es parte fundamental la interacción social para el bienestar de un ser humano, pero no ahí, si fuera mi novia, si fuera en otro lado, si fuera interactuar con gente en otros espacios y que sean mis compas, pues bien, pero extraño mis comidas, mis comidas solitarias, por el momento, le haré unas quesadillas, unos tacos a mi novia, que con ella sí que me encanta el chisme.
YO
btw, tengo chichis.