Para que un loco exista tiene que existir otro. Ahí estábamos, sentados en la banca en el grajeteo luego de haber comido empanadas, cuando de repente, el don se acerca y me ve, la presento y entre una cosa y otra, ay, yo fui aquí, ah yo visité este río, ah yo subí este cerro, ah, yo sé llegar a la escalera. A mi novia le gusta esa mierda, y yo pues le meto chambón. Soy una persona respetuosa de la edad y creo en la sinceridad de la humanidad; Yo sé llegar ¡es fácil! Dijo el don, por qué no creerle. Luego de ver el video, me pongo pantalón largo y mi vestuario de explorador está completo.
Madrugamos un sábado, No hay mucho sexo esa noche porque teníamos un compromiso que cumplir, madrugar para ir a Ciales y ver una cascada, mejor dicho, LA CASCADA. Ya como que la intuición había dejado saber que la cosa no iba a ser fácil, la novia estaba en regla, el don vive por la puñeta y me dice que pase por él, y al llegar, al tomar el camino de la izquierda, para rodear la segunda cascada, el don se queda como Ay wey, no hay camino, para dónde voy. Al notar la inseguridad de nuestro guía y que incrédulamente le creí y confié, traigo el tema Creo que me quiero quitar. Mis palabras retumbaron en 2007 y se va, de los cuatro que íbamos, ahora quedan tres. Soy mexicano, así que con lo que me sobra, sigo mi camino, siguiendo al experto y mentando la madre en mi interior.
Caminamos un par de minutos, llegando a una charca, a la novia se le infla el pecho y el cuerpo se llena de emoción porque iba a ser la primera zambullida del día y del camino. Mientras la novia está en su espacio de felicidad, el don me dice “lo preocupado” que está por la chica que se quitó y que no le gusta eso, que sería mejor irnos, luego dice que mejor él se va solo y que nosotros sigamos todo derecho y que llegamos bien rápido. Le paso la noticia a la novia, y la novia me dice que si qué show, seguimos o nos vamos, como mexicano, decido seguir.
Por ahí vamos, ahora sí, ella y yo. Piedras, agua, camarones que muerden, unas matas que te pican queman de solo mirarlas, resbalones, todo eso sorteamos. Seguimos subiendo, descubrimos nuevos senderos, tomamos rutas alternas para poder pasar al otro lado de las piedras gigantes resbalosas. Caminamos como una hora, pasamos muchas cascaditas hasta llegar a una charca donde al ver la hora le digo, creo que es momento de regresar. No estaba tranquilo, no, no lo estaba disfrutando, pero había algo ahí que no me sentía del todo cómodo. Hay algo entre el río y yo que no me deja disfrutarlo. Por lo que me senté a hacer un poco de introspección sobre ese sentimiento.
Descubrí que no estoy disfrutando muchas cosas en realidad y viene de situaciones que continúo resolviendo. Hay muchas otras cosas, como generar un nuevo ritmo con el primogénito para ahora que lo tendré una semana, ritmo de comida, solucionar custodia, pensión y otras cosas que no me dejan ser feliz. Algo descubrí este fin de semana, un fin de semana perfecto o casi perfecto, un fin de semana en el que he estado más horas seguidas con la novia. Descubrí que, aunque mi mundo sea uno complicado dentro de mi burbuja, debo de aprender a disfrutar las cosas buenas y malas, estar bien con las decisiones que el universo tenga para mí y los míos y que amo mucho ver a la novia tan feliz haciendo algo que le gusta, estoy loco por esa próxima chocoaventura que me rete, porque si algo aprendí es que quiero una vida llena de aventuras, aunque me de ansiedad, quiero hacerlo con ella.
YO