Antes de enfermarme, hace unos días ya, de la garganta irritada, mocos escurriendo por la cara y tos que hace a la gente voltear, había estado reflexivo. Mi reflexión fue una muy sencilla, qué fácil es engordad y qué difícil es mantener una disciplina para mantenerte saludable y en forma. Imagino que algo existe a nivel corporativo que las grandes compañías le ponen sustancias adictivas a la comida para que sigamos echándole al gaznate y comer y comer. Obvio que es azúcar, todo sabe mejor con azúcar, y todas esas cosas ultra procesadas.
Uno puede engordar hasta cerrando los ojos y comer limpio y saludable cuesta mucho. La segunda reflexión vino en mi momento más delicado, cuando me sentía peor en estos días enfermizos ¿será que el no seguir o hacer lo que sabemos que debemos de hacer para estar bien es por falta de amor propio? Porque sé que cuando me descubro con las manos tensas y las piernas moviéndose involuntariamente, es porque no estoy presente y atengo a mi día, entiendo que con 15 minutos de sentarme a meditar por la mañana, tarde y noche todo esto mejoraría. Sé que mi falta de energía se mejora con trabajo adicional en ejercicio, dormir y comer bien, pero como por ansiedad, como para sentirme “feliz” por unos minutos con una bolsa pequeña de Doritos algo dulce. Entonces, es que soy muy duro conmigo o es que la falta de voluntad es realmente falta de amor o quizá algún trauma en algún lado que no he identificado.
Estas dos revelaciones mentales que me han venido, he tratado de analizarlas y darle más cabeza a ver si me llega una respuesta. Al no recibir algo productivo en poco tiempo, decidí tocar mi Mala y decir cambio, por lo que me vino a la cabeza son esos días en que me acurruco con la novia, ella se recuesta hacia la izquierda en el lado izquierdo de la cama y yo me acomodo detrás de ella pasando mis brazos a su alrededor y lo que me reconforma es que, esa pancita que estoy tratando de bajar desde hace muchos meses, encaja perfectamente en su figura, ella está hecha a la perfección, el tamaño de mi panza embona en excelsitud entre su espalda baja y el inicio de su nalgaje al momento de acurrucarnos y eso sí que es amor, amor propio y del otro.
YO