Desde entonces

El tiempo que pasó fue corto, no se necesitó muchos minutos para llegar. Al estacionar el carro y preparase para salir, se toma su tiempo. Es la segunda cita y quiere estar un poco presentable, ya el momento de playa y ritual había pasado, ahora tocaba el sentarse frente a ella y verla a los ojos. Se coloca una camisa que haga el mayor juego con el short que traía puesto. Frente a ella, continúa abotonando la camisa, ella lo ve con un pequeño toque de sorpresa. Con sus manos, acomoda un poco la camisa e intenta quitar las arrugas que ya forman parte del look. Al entrar y mencionar la reservación para dos, la anfitriona los dirige a su mesa, se sientan uno frente al otro, logra admirar, admirarla completa, procurando mirar siempre a los ojos para no distraerse.

Cerveza y vino fue lo seleccionado. Es la segunda y hay que ir soltando las inhibiciones, los nervios que puedan existir.  Algo tenía la comida que le hicieron cerrar los ojos, tenía que compartir la experiencia, aún no había pasado el tiempo suficiente para compartir el manjar del tenedor a su boca por lo que se fue al plato. La mesera recoge la primera ronda mientras la conversación continúa. Su mano se desliza sobre la mesa y le toma la de ella, la mirada no se despega y algo recorre su cuerpo.

Brindan en la segunda ronda, la afinidad va creciendo hasta el nivel de completar el pensamiento del otro, Sí sabía que los carros de la formula uno, Son más rápido en persona, dice ella. Los ojos se le fueron convirtiendo poco a poco en corazones. La comida se había terminado, la bebida también. La mesera muy amablemente lleva la cuenta. Antes de salir, se requirió de hacer una parada, el viaje de regreso era largo.

Atraviesan por el pasillo hasta llegar a la parte de atrás. La ve alejarse hacia la puerta, pero la toma de la mano y la jala hacia él, la toma de la cintura y la besa. Un beso que sobrepasó con los estándares recomendados por la asociación de felicidad y producción de oxitocina. la imagen fue perfecta, el casi final fue el adecuado para una tarde que se fue y le dio paso a la noche. Al salir del baño, él la estaba esperando sentado en la silla alta que estaba debajo de la pérgola. Ella se coloca entre sus piernas y le roba otro beso. El acto es interrumpido por un pinche con la necesidad de bajar los niveles de ansiedad que conlleva la cocina y relajarse fumando.

Se separan y caminan de vuelta por el pasillo, le ofrece su mano la cual es aceptada por ella caminando hasta el carro. Le abre la puerta, entra y se sienta delicadamente, él aprovecha para darle otro beso, porque al parecer el nivel de químicos en su sistema no fue suficiente, se separa, la ve directamente a los ojos y esboza una sonrisa luego de cerrar su puerta, una sonrisa que no lo ha vuelto a dejar.

YO

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