Como me ve

Mi abuela materna fue con la que mayor contacto tuve, no fui el nieto favorito, al contrario, de niño fui bien travieso y me la pasaba castigado en el segundo piso cada vez que me enviaban de vacaciones de verano a su casa, para que mi mamá tuviera un descanso de nosotros. Ella murió meses antes de que yo me casara, no pudo ir a mi boda, ella estaba muy emocionada, con el boleto de avión listo y el vestido planchado, regia para la pachanga pipirisnais. Nunca llegó, nunca la volví a ver, no me pude despedir, no pude acompañar a mi mamá en ese momento tan triste de su vida, mi limbo político/migratorio no me dejó hacerlo. Nunca le pedí perdón.

Mi camino para llegar aquí, fue largo, de mucho aprendizaje. Todas las relaciones que tuve, las mujeres que conocí, las depresiones que pasé y todas las tocadas de fondo, me hicieron lo que soy hoy. Que ¿Cómo me siento? mejor dicho ¿cómo me veo? La respuesta es sencilla, me veo como una persona normal, común y corriente, del montón. Creo que es, que, en mi mente, siento que ser una persona considerada, consciente por los demás, tener buen corazón y ser un bonachón es la norma, o por lo menos debería serlo.  Por primera vez en mi vida, creo que comencé una relación con el pie derecho. No estaba familiarizado con lo que era una relación sana y saludable. Y creo que estoy aprendiendo lo que es eso. Creo que mientras dos personas sean honestas el uno con el otro, hay un futuro para los dos.

Sus ojos son hermosos, unas perlas negras, brillantes, exóticas y codiciadas. Son expresivos, y ven bonito, me ve bonito. Esos ojos me ven de una forma que no logro comprender, que me parece desconocido. Me afirma que lo soy, mi incredulidad lo rechaza. Ella me ve bonito, me ve de una forma que me gustaría verme. Lo logré ver una sola vez. Había recién llegado de mi viaje californiano, nos estábamos arreglando para ir a comer. Ella con su vestido negro, sus pendas doradas, sus lentes para ver mejor, y el cepillo acomodando su cabello. Frente al espejo, con la cama desordenada, me acerco a ella, la abrazo y me veo al espejo, nos vemos en el espejo, uno al lado del otro, el café y la leche, la galleta y el oreo, el jugo y el champagne, perfectos, con gran armonía el espejo reflejó, nos reflejó. Me gustó, me gusté, me gustamos. Pegamos bien.

Ella me ve bonito, y me gustaría verme igual. Es la primera vez que siento en todos lados el amor, en su mirada, en su sonrisa, en sus expresiones, en sus abrazos, en su atención, en su preocupación. Me siento amado y se siente amada. Creo que el lenguaje del amor, por primera vez está sincronizado, tengo lo que necesito y tiene lo que necesita, nos sentimos amados el uno por el otro, hasta ahora. Lograr esa sincronización en el lenguaje es difícil, dijo en una entrevista, el que le gusta, que él tuvo que crear la sincronización, porque si no, no iba a funcionar su relación, en nuestro caso, ha fluido.

Se encontraron, dijo mi abuela. Ahora encuentro sentido a sus palabras, luego de estar hablando con la novia, de pensar en la afinidad energética, de esta frecuencia simétrica que tenemos. Me llegaron las palabras de mi abuela, la repitió. Estamos en La Paz, caminando por el malecón mientras el Sol se pone frente al mogote. Mi mamá, mi hermana, la nieta favorita, y mi abuela estaban sentadas en una banca, comiendo un elote. Los chamacos jugando, mi hermano comprando. Las veo, me dirijo hacia allá con la mano ocupada, tomada. ¿Qué onda doña, cómo está? Qué bueno que pudo venir. Lo único que logré escuchar, antes de despertar “qué bueno que se encontraron”. Lo repitió. Y ahora, al hablar con la novia, tiene todo el sentido del mundo. Encontrarse está difícil, en palabras más claras, está Cabrón. Ella me ve bonito y me gustaría verme así. Por ahora, todo está en frecuencia, todo camina como debe ser, de la mano, en sintonía, racional, y en presencia. Ella me ve bonito, y yo…la veo igual.

YO

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