¡Más padre!

Oye mami ¿qué tienes puesto? Fue la pregunta que se quedó sin hacer, esa pregunta tan importante pasó desapercibida, luego de haber visto a un chingo de gringos, caminado en un frío de 48 grados con una playera y unos shorts, paseando como si nada por el Centro de convenciones de Palm Springs, mientras este servidor tiene calcetas largas, pantalón, bóxer, playera, suéter, otro suéter que me regaló la que no le pregunté y otro suéter más y luego una bufanda que está llena de tos. No entiendo esta cultura, pensaría que este frío es quien causa el racismo y la locura en este país, pero no, definitivamente no, porque si fuera por el frío, Arizona y Texas no serían Republicanos.

Llevo cerca de seis días sintiendo el frío. Un frío que me deja más lento de lo común, no sé si es el Nyquil que me compré y me lo tomo a cualquier hora o que realmente no me agrada el frío. El frío se lo aguanto solamente a mi novia, porque ella me calienta. Pero lo impresionante es que los gringos están bien placidos y felices en este clima, así que me quedé pensando. Para pensar mejor y con mayor profundidad, me fui al patio, donde hay sol y pasto. Me siento en la banca, dejo mi mochila al lado, me quito los tenis y calcetines. Comienzo a caminar en el pasto descalzo, con esto, se supone, que debe descargar toda mi energía negativa y me permita pensar mejor, responder las preguntas importantes como ¿por qué estos pinches gringos sonríen en el frío? ¿Qué parte de la genética hace que el color de ojos sean diferentes? Si ya llevo  un par de años como ciudadano americano ¿por qué no he puesto rubio y los ojos pintado de verde? Bueno, no tuve ninguna respuesta, pero sí me di cuenta que, siendo lo que soy y como soy, está padre.

La siguiente misión, luego de fracasar en contestar preguntas profundas, fue salir con los chicos a buscar un buen elote y comida mexicana más real o por lo menos, lo más real posible. Así que Maracas fue el destino. Mesa para six pour favour, fueron mis palabras. Luego de pedir cosas mexicanas como Margaritas, vino y micheladas, el mesero se emociona con el desmadre que tenemos en la mesa. Nos deja no uno, ni dos, sino tres dotaciones de totopos con salsa. Creo que la pregunta la tuvo en la punta de la lengua por un rato, no se atrevía a decirla, pero le salió lo de macho mexicano por fin dice algo más que, están buenas las bebidas.  ¿De dónde son? Por fin se escuchó salir de su boca la pregunta que le intrigaba. De Puerto Rico, salió de la mesa casi al unísono. Ah qué padre, yo de México, informa algo obvio. Él, o sea, yo, es mexicano también le dicen casi todos. ¡Ah, pues más padre! Y la risa sí fue unísona.  

Porque, sí, ser mexicano es bien padre, que diga, más padre, y para ser un buen mexicano, hay que tener siempre más de tres limones en el refri. Pero bueno, falta de práctica, nada que no se pueda mejorar. No, y en serio ¿qué ropa habrá tenido la futura mexicana? De seguro, un mumu.

YO

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