Algo Psicológico

10 de marzo

Son las 12:54 de la madrugada, hora del país donde vivo. La vida debe ser fácil, dice la novia, pero por alguna razón no se siento así. Vine a este estado a una conferencia y a que me presenten a la crema y nata de los negocios geoespaciales, algo que quiero hacer.

Es un centro de convenciones, donde tres mil almas estarán reunidas, pensando cómo mejorar al mundo, mejorar al mundo utilizando mapas, o por lo menos esas son las razones que me imagino que todas estas personas están en el desierto, y no por el negocio, un negocio que genera 1.5 millones como mínimo al año. Entonces, sentado en la presentación, siendo el alma 1111, al escuchar cómo la tecnología ha ayudado a diferentes organizaciones a realizar cambios significativos a comunidades y regiones del mundo, me recorre una emoción, una emoción de lo que puedo lograr en la vida, en cómo puedo hacer un cambio en el mundo, o por lo menos en esa parte del mundo donde vivo. Creo que sé a lo que vine al mundo, creo que luego de más de 40 años, logré identificar lo que quiero hacer. Simplemente por eso ha valido la pena el viaje. En este lugar del mundo amanece a 54 grados de temperatura ¿quién en su sano juicio puede vivir así?  

Por alguna razón, días antes de subirme al avión estaba con el ánimo desgastado, no tenía ninguna gana de viajar, prefería estar en la isla. Se supone que no debemos hacer todo juntos, dicen los expertos, esos que escriben ¡cómo tener éxito en tinder! Debe existir un tú, un yo y un nosotros. Pero por alguna razón, en este momento me gustaría un nosotros, nosotros y nosotros. Sé que llegará el día donde esto va a cambiar, parte de la vida, parte de la transición y transformación natural de una relación, pero por ahora, eso no es una prioridad o mejor dicho, mi prioridad.

Mi prioridad ha cambiado, ha cambiado para vivir, para no desaprovechar oportunidades, para crecer, para realizar en la vida mi propósito que acabo de encontrar. No voy a esperar que el plebillo crezca, para hacer ciertas cosas, no voy a esperar a tener tal o cual cosa para sonreír, no voy a esperar a nada ni por nada, bueno tal vez sí, debo esperar el 14 para estar atento, escaparme de mi reunión, “Espere un momento que debo ver si puedo comprar boletos para poder ir a escuchar a mi novio en vivo”. A veces sí se tiene que esperar. Para el resto, existe Master Card.

A la novia, la extraño más de la cuenta, algo raro, porque por lo general no la veo entre semana, pero hay algo psicológico en este asunto, estar a algunas miles de millas de distancia hace que afecte un poco más la extrañaduría. Cada vez que la pienso en estos días lejanos, además de emanar amor, me descubro temblando, temblando un poco de la mano, así como esa primera vez, que al verla entrar, abrir los brazos para abrazarla y saludarla, cachó una pequeña tembladera manística. Estuve nervioso, como lo estoy ahora, esta nueva epifanía produce un poco de miedo. Yo no sé si es la crisis de los 40, la vacuna del covid o en definitiva, puede ser el calentamiento global, pero lo que tengo claro es que cuando hay duda es un no, pero cuando hay miedo es un sí, porque luego del miedo, siempre vienen cosas buenas.

YO

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