Ojitos rojos.

Cualquiera podría pensar que el título de este escrito hace referencia a la excelente canción de Grupo Frontera (Cierra los ojos y escucha el grito) de su disco El Comienzo. Pero no, no es por eso, hace referencia a la senda fumada que me puse el día jueves en el boricua que me vi con mis compas, los de los tatuajes iguales. Mis amigos fuman pasto, qué mucho pasto fuman, se arrebatan, se ajuman con un blón o con pluma, siempre andan feliz. Y ese día no fue la excepción, pero hubo una diferencia, ahora fueron con unos niños de 20 y tantos años, sus estudiantes universitarios de drama, quienes prepararon el fili. Al principio de la amistad, y muchos años pasaron,  yo, no le metía a eso, ellos hacían los capsulones, cuando nos íbamos de road trip, los fines de semana. Pero todo cambia, evoluciona. Llegó un momento en mi vida que decidí sacar la licencia medicinal como una forma alterna de tratar de manejar mi ansiedad.

Lo dejé, lo dejé porque nunca me resultó, me iba en unos viajes cabrones, unas paranoias hijas de puta que, la posible diversión que puede conllevar estar marihuano, en mi caso se convertían en delirio de persecución, miedo, pensamiento que me iba a morir. Así que la decisión fue dejarlo. Teníamos varios meses que no estábamos los tres juntos. Siempre la pasamos de show, hablamos pendejadas, nos reímos y jodemos. Mi compa, enrola y una de las nenitas, prende. El círculo que formaban las sillas blancas, fue la dirección en que la ganja pasó. Llega a mí y pienso, una cachá no creo que me haga na’.

Quería correr, quería irme de ahí. Pensé en la novia, quiero llamarla y que me dijera que todo va a estar bien. Le digo a mis compas cómo me siento y tratan de calmarme, me distraigo con la conversación, con la música, intento bailar en mi espacio, todo para bajar la nota de una sola aspirada. Entendí que sin saberlo, ni sentirlo cuando no estoy motorolo, mi cuerpo está bien tenso, está ansioso, y lo que estaba haciendo la mota, era simplemente tratar de relajar mis músculos, tratar de soltar todo eso que tengo metido en el subconsciente.

La nota de la juana, duró un chingo. Entro a la upi a recoger la X4 y luego salir a mi casa. Llamo a la prometida mientras manejo. Le cuento mi azaña, mi mente comienza a darse cuenta de varios detalles. El enamoramiento que siento hacia esa mujer es real. Es de valientes viajar sólo. Me falta creérmela, darme cuenta de lo cabrón que estoy. Mi novia es un mujerón y estoy bien orgulloso de ella. Ella también me ama y soy muy afortunado de haberla encontrado en esta vida. Mucha gente me quiere, y me quiere bien y bonito. Mis amigos están a otro nivel, ellos son mis hermanos, pero son mariguanos y los quiero yo así.

YO

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