Esos Pants

Hace poco me re leí, algo que hago muy poco. De repente me sale en el baúl de los recuerdos en Facebook uno de los viejos escritos que por alguna razón pensaba que ya no existían, que Meta los había desactivado las notas y había perdido todo lo escrito. Me tomo a la tarea de investigar dónde había colocado todo lo que yo había escrito desde el 2006. Lo encuentro y re leo, me re leo y no mames, estoy bien loco. Me río de mí mismo y mis ocurrencias de antes y actuales. Resulta que este escrito tiene demasiadas coincidencias a mi vida actual,  habla de cómo estaba haciendo ejercicio por una razón meramente de salud y no por vanidad, algo que ni yo mismo me lo creo, siendo un escrito del 2011. También estaba en un proceso de migración con el CRIM, algo que estoy haciendo ahora también. Comento en ese escrito de cómo últimamente las migraciones en agencias de gobierno son mi némesis y que debería de migrar yo también, algo que hoy  en día ya no va a pasar.

Ese periodo de ejercicio, supuestamente era para tener condición y lograr entrar a las olas sin agotarme y poder disfrutar del bodyboarding. Ahora, mi ejercicio es para bajar mi nivel de ansiedad. El día azul fue uno de mucho frío, así que decido ponerme un pants y sudadera para mi viaje a las empanadas San Juaneras. Me voy a ver al espejo, ese mismo espejo que muestra quincenalmente el vaivén amoroso, y el espejo muestra una figura rara, extraña. La parte de atrás estaba rellena, rellena sin yo haber puesto la cartera en la bolsa trasera del pants. Me observo de nuevo, levanto la playera, me veo de un lado, luego volteo del otro y una pequeña forma abultada le da forma al pants, lo bajo y veo la misma forma con el bóxer.

El primogénito ya estaba listo, y se queda viendo extrañado cómo su papá está incrédulo viendo la forma de su pequeño trasero. Qué guapo estás condenao, me digo en voz alta y me tiro un besito, el morrito se ríe a carcajadas cómo si hubiera hecho el mejor chiste del mundo. Le hago un nudo al lado a la playera y quede a la cintura, para que los atributos ganados por todos esos squats hechos en el gym de las estrellas, dice mi novia, se vean.  

El día blanco, sigo con eso en la cabeza, Ring, ring, contesta la creadora de esta belleza. Amá, te voy a enseñar algo y necesito que confirmes o rechaces. Me conoces desde que nací y debes tener un vago recuerdo de la forma exacta, mira. Me bajo el pantalón dejando al descubierto los Calvin y escuchando la risa del plebe al ver a su apá hablar más mexicano para obtener esa confirmación o rechazo. Yo creo que no eran así ¿verdad ma? ¡Ay, mijo! Pregúntale a tu novia.

No recuerdo cuando comencé a ir al gym de nuevo luego de mi brazo dañado, si ella ya estaba en mi vida durante ese periodo o no, pero lo que sí estoy claro es que me voy a comprar otros tres pares de pants de invierno y usarlos hasta en los 98 grados de Cupey, porque, por lo menos lo que me deja ver el espejo, los cabrones hacen milagros.

YO

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