Hay una escena fascinante que no es real, pero me advirtieron que puede serlo si los planetas se alinean. Necesitaba comprar unos zapatos para subir montañas, como mi rutina hasta ahora había sido arena y mar, las botas exploradoras no eran una necesidad, hasta que la conocí. El carro se dejó en la parte inferior del estacionamiento multi piso, para entrar por el pasillo de Faccio Pizza y lograr evitar la mayor cantidad de gente a esa hora del día. La tarea era sencilla, clara y concisa, atravesamos el pasillo, vamos a la tienda, me mido los zapatos especiales y salimos corriendo. A ella no le gusta las compras, puede hacerlo, pero si se evita, mejor. Ya el esfuerzo de entrar se agradecía, así que, buscar la eficiencia para la compra, era lo mínimo que podía hacer.
Pero el pasado se hacía presente. La cita 8 con Tinder 12 había tenido un final no tan feliz, ella había encontrado banderas rojas y se había alejado, pero al parecer, él se había quedado prendido, enamorado y buscando otra oportunidad. Mientras estaba pendejeando le salió su foto, estaba linda con esa sonrisa, y también ya estaba con otro, y ese otro soy yo. En su mente psicológica, se le prende el foco, tiene una buena idea para reconquistarla, para que de una vez y por todas logre estar con ella, para ser sincero, yo hubiera hecho lo mismo, porque ella vale hacer todos los esfuerzos del mundo.
Con calma, pero con prisa, vamos caminando tomados de la mano por el pasillo, doblamos un poco a la izquierda, pasando frente a la tienda de chocolates. La canción de Bruno Mars, Marry you se comienza a escuchar. Personas que estaban sentadas alrededor de la fuente se paran y comienzan a bailar al ritmo de la música. Caminan hacia donde está ella y la rodean, la multitud nos separa, me suelta de la mano. Cuando Bruno está diciendo Hey Baby, I think I wanna Merry you, aparece Tinder 12 con una cartulina sobre la cabeza que lee “Sé que sabes que esto tiene que ser así, Sagi pequeño caudal de agua continua que corre por la tierra, cásate conmigo”. Mientras, del segundo piso en Macy’s, va desdiciendo por las escaleras eléctricas que pasan sobre la fuente. El grupo de bailarines, payasos, globos, fuegos artificiales la fueron llevando hacia el frente de las escaleras donde, al darle la cartulina a uno de los bailarines y meter la mano al bolsillo, se hinca y abre la caja. El volumen de la canción baja y el micrófono aparece de la mano de un enano disfrazado. Sagi, esas ocho citas fueron los mejores días de mi vida, y quiero continuar así, prometo no ser tan psico, que debería ser obvio, los que estudiamos esta carrera lo hacemos porque estamos bien jodidos. ¿Te quieres casar conmigo? Al verlo hincado frente a ella, con el anillo, se pone las manos en la boca, una sorpresa, una gran producción, sin voltear a ningún lado más que a los ojos del alma, dice Sí. El volumen de la canción vuelve a subir, a escucharse y retumbar en la plaza diciendo yeah, yeah, yeah, yeah, yeah, entre aplausos y vitoreo le coloca el anillo, la abraza y se besan. Se pierden entre la multitud rumbo al carro.
Me quedo sentado frente a la tienda de muebles esperando por unos minutos. Llegué amor. Seguimos nuestro camino rumbo a las botas escaladoras. Esta forma de pensar, tener en cuenta los sentimientos de los demás, es una de las tantas cosas por lo que me enamoré de ella. No iba a dejar que el tipo pasara un bochorno frente a todo Puerto Rico. En el estacionamiento le regresó el anillo, le dijo que nel pastel, que ella es malinchista.
YO