Papito Dios, creo que nunca te he pedido nada, pero…
Mientras los años se van acumulando en mi cuerpo y el cerebro va madurando y terminando de generar todas las conexiones necesarias para poder trabajar efectivamente, la forma para seleccionar a una posible pareja, ha ido cambiando.
Al principio, simplemente era algo visual ¿tal o cual mujer, ante mis ojos está bien buena? Si la respuesta era afirmativa, y resultaba que también le parecía algo curioso, pues entonces podía entablar una relación carnal o sentimental. El cambio geográfico fue la mejor decisión, en la isla ha sido muy buena la experiencia. Para mi fortuna y buena suerte, he tenido parejas muy atractivas. Gracias papito Dios.
Al pasar los años, he ido evolucionando, he buscado algo más que físico. Ya un cuerpo y cara bonita no era suficiente, comencé a generar una lista de características que me gustan en una mujer. Inicié con pocas cosas, los 5 puntos de mayor importancia. Con el tiempo y las experiencias, la lista fue creciendo, además de que me guste físicamente, debía estar la independencia, su grado de estudio, su forma de ver la vida, su actividad física, sus pasatiempos favoritos…
Resulta que esas características han ido modificandose también, porque me he dado cuenta, gracias a la prueba y error, que el tener cierta cosa, no hace ser mejor a una persona, por ejemplo: haber estudiado en Cornell o Columbia no hace tener consideración o ser empático. Así que, el remover y agregar a la lista ha sido una tarea constante. También he sido abierto a las excepciones.
Eso me pasó con la chica que observa el mar en la foto. En este periodo de transición y cambio de mentalidad de estar en pareja a pasar a la soltería, se puso a experimentar. Utilizando la pantalla para ir a la derecha o izquierda, dependiendo de su apariencia y escritura, ella tiene una lista, una serie de reglas que utiliza para su propia protección al momento de deitiar. De las que recuerdo están, esperar una semana luego de hablar sobre una cita, esto con el fin de ir viendo cómo transcurre la conversación en esa semana para ver si no aparece una bandera roja. El no dar localización o llamadas por video. El no ponerse de tú a tú con el susodicho para salir del lugar intacta y luego bloquearlo si fuese necesario. El utilizar el mismo restaurante para los dates, para así avisar a medio mundo de su estatus, que ella llegó así y se va así, que, si notan algo raro, griten como poseídos y pongan una alerta rosa en todos los teléfonos del país. Poner pruebas a ver si la pasan.
En una de las tantas conversaciones que he tenido con la chica de los onesies, me fui enterando de su lista de reglas. Mientras me iba revelando uno que otro secreto de su lista, mi cara fue manifestando unas facciones de “qué raro” Pero…eso no pasó así conmigo, oiga señorita, esto tampoco pasó así conmigo. Acho, yo me atrevo a llamarlo ahora en video con cara lavada y mumu. ¿Qué habrá pasado? ¿Qué sintió en mí que le dio la confianza de hacer excepciones? ¿Cuál será toda esa lista? ¿A cuál no le dio skip? ¿Cómo puede haber surgido el universo de la nada? ¿Cuál es el sentido de la vida? Si Dios existe, ¿quién lo creó? ¿Cuál es el secreto para ser feliz? ¿Somos parte de una simulación? ¿Por qué bajo el volumen de la música del carro cuando me estaciono? Si mojo una almendra, ¿sigue siendo un fruto seco? Si me conecto al WiFi de una Iglesia, ¿recibo la señal de Dios? ¿Por qué alguien se daría guille porque puede? Muchas preguntas qué responder.
YO