Hablando con Dios.

Antes de ser ateo, fui creyente. Como todo mexicano en esta vida que su mamá lo hace madrugar un domingo y lo obliga ir a la iglesia para escuchar la palabra de Dios, mejor conocido como el Señor. Resulta que en algún momento de mi vida esa imposición religiosa estuvo a punto de rendir frutos, de hacerme parte del rebaño, pero no como una oveja más, sino como un pastor. Estaba en mi adolescencia, mis 14 o 15 años, época de secundaria, cuando otros pubertos se están descubriendo y se la están jalando en todas las esquinas y teniendo baños de media hora, yo estaba en misa ayudando al padre con la biblia, a llevar el agua, el vino y olvidando partes esenciales como tocar la campana en la eucaristía.

  La historia entre el Señor y yo ha sido larga, desde mi bautizo siendo un bebé, primera comunión, confirmación, retiros para matrimonio, boda en la Catedral en su presencia y haciendo la pregunta de cómo hago para invalidar ese matrimonio que me dejó un intento de orden. Pero esta historia tuvo una gran pausa. Existe una relación bien grande, a mayor grado de estudio, menos hablas con chuchito y como en mi caso, mientras te vas volviendo viejo, o pasando por ciertos acontecimientos, como tener un hijo vas buscando respuestas con otras formas.

Me preguntan que cómo mi punto de inflexión para entrar en un proceso espiritual y no religioso fue mi hijo. Bueno, es simple, traumas del pasados y querer mostrarle y ser la mejor versión de mí a él para que no tenga mis traumas, sino que tenga las que él genere. Y que cómo explico que a mí me pasó y no a todos los hombres que están alrededor de mis amigas, pues fácil, yo soy un llamacorn. Además de eso, creo que tener un hijo ya viejo, te hace querer cosas distintas para él.

Siendo un ser “tan religioso” de pequeño y luego “tan espiritual” me han vuelto un ser muy asexual. Algo que no me ha preocupado, aunque esto fuera una de las cuatro patas que sostienen la vida. 29 días después de ver a la chica de las gafas oscuras por una pantalla, comencé a volver a invocarlo, a hablar con él. Mi conversación con Dios, aka, Señor, resurgieron. Mi creencia asexual ha resultado un fiasco, según lo expresa la chica,  una mentira burda, carente de lógica, torpe y simple. Nunca pensé que el sexo pudiera ser tan cabrón en esta época de mi vida. Ya 2009 me había hablado de eso, Luego de los cuarenta, todo es más cabrón, a uno no le importa se desinhibe, y así ha sido. Cada cosa que La chica de las gafas oscuras y yo hacemos en la sala, pasillo, cocina, cama, parados, acostados, arriba, abajo está supremamente cabrón. Lo único que escuchan los vecinos es la alabanza que tengo por toda la casa con los gritos diciendo ¡Ay dios mío, puñeta!

Y es así como la religión vuelve a mí. Las conversaciones que el Señor de allá arriba y yo tenemos son tan profundas que estoy seguro que está voyeristando muy atento.

YO

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.