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El siguiente relato es uno totalmente ficticio, todo lo aquí descritos, están basados en hechos totalmente inexistentes.

Fue un viaje familiar, y según me dijo la escritora, también familia extendida. España es el país, Madrid la ciudad. Había un poco de incertidumbre por lo que se escribiría o pasaría estos días que se estaría de viaje, pero una subscripción solucionaba todo.

Según me cuenta un diseñador de teatro que estuvo viviendo muchos años por esos lugares, donde el único problema es que hay muchos españoles, la vida transcurre en paz, tranquila y te inmerges en la ciudad, en la vida cotidiana, en las caminatas, en la arquitectura, en los paisajes citadinos, en la cultura y con eso te transporta al presente y disfrute.

Habían pasado unos días ya, las cenas en distintos restaurantes era frecuente, cenas familiares tipo europeo, o sea cenas después de las 8. Sentados, viendo la carta de las próximas tapas que se pedirán, brindan con una copa de vino tinto. La conversación se segmenta por género, las nenas con las nenas y los nenes con los nenes.

El centro de conversación se había quedado en la Isla, no quiso ir al viaje por razones que me inventaré, el Jevo. También porque no le interesaba pasar 10 días corridos en un solo lugar, lo de ella es lo nómada, conocer cosas, lugares, comidas nuevas. Todas están felices por las aventuras que está viviendo la muchacha del labial rosa en la isla. Mostrando los escritos que dan una vaga imagen de la realidad, hablan del tema entre sorbos. De repente, mientras paseaban por la página, la misma se refresca sin querer, aparece algo nuevo, un escrito numérico. Que título tan naco, se pudo haber pensado al principio. La dinámica continuaba en la mesa, atentas al chisme comienza la familia extendida a leer el escrito, en voz baja, en voz alta, eso no está claro. Los nenes con las papas bravas, las nenas descifrando los mensajes ocultos del último escrito. “Le dijo te amo” se escuchó decir, el grito de emoción del lado izquierdo de la mesa hizo voltear a los nenes, que confusos querían saber qué era lo que estaba pasando con estos seres, que con saltos de emoción en las sillas del restaurante toman una foto y brindan por el motel.

El día siguiente, en la isla se enteran del escrito y llega la imagen sin que ella supiera qué estaba pasando. Ya lo presentía, ya tenía una remota idea de lo que podía ser porque esa plática se había tenido, las repercusiones de utilizar el cinco letras dentro de la narración. Al poderlo leer en la comodidad de su casa, surge una pregunta ¿será eso lo que también estoy sintiendo? La duda no duró mucho. Los moteles son contiguos, tienen un puente que los une, así como el Condado Plaza.

YO

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