Esta es una palabra, sólo una palabra que puede ser simple pero por alguna razón la estuve buscando por mucho años. Han pasado menos de dos meses, y aunque continuamos en el mes número 1, esto se siente como si fuera de siempre. Esta familiaridad que tenemos cuando estamos en el mismo espacio, cuando hablamos, es indescriptible. Nos hemos sentado a pensar en cómo esto puede estar pasando, en cuán afortunados somos, en cómo siendo niños en los 80’s aún podemos tener estas sensaciones en todo el ser y sobre todo muy evidentes en las zonas sur del hemisferio.
¿Cómo se puede sentir tantas cosas en tan poco tiempo? Es una pregunta recurrente, en nuestro aún afán de tratar de poner cordura y raciocinio, tratar de encontrar una explicación a algo que no lo tiene. ¿Cómo puedes explicar el perfecto balance de agua y oxígeno para poder vivir en este planeta? ¿Cómo puedes explicar el sentimiento de ver salir al mundo a un bebé del cuerpo de su madre? ¿Cómo puedo explicar esa sensación de un abrazo espontaneo del chilpayate? Sólo se siente, sólo se sabe, sólo está y se acepta la vida tal y cómo es. Lo único que resta es ser agradecido, muy agradecido porque finalmente, luego de mucho transcurrir, nuestras líneas de tiempo se encontraron, se cruzaron a la hora y momento exacto.
Esta intersección lineal me ha permitido sentir más felicidad. Le dije una vez que no me sorprendía en absoluto lo que estaba pasando o cómo pasó, luego lo dije que sí me sorprendía, luego volví a decir que no pero que sí. Mi mente no para, mi mente sigue buscando respuestas. Aceptar y agradecer es lo que debo hacer.
Una de las cosas que busqué, que puse en mi “lista” de manifestación fue lograr encontrar una complicidad con el próximo ser que transcurriera a mi lado por la vida. Ayer, mientras estávanos en el cuarto, recostados sobre la almohada y viéndonos a los ojos me di cuenta que la tengo, tengo la complicidad que pedí por tanto tiempo. En la cita del 18 me tocó conocer a sus amigos y familia cercana. En mi afán de crecimiento personal, me alejé de mi zona de confort y me fui con los adultos a hablar, ella estaba sentada en la banca socializando. Mientras estaba escuchando unas conversaciones profundas sobre botes y la importancia de poner un muelle frente a tu casa de playa y temas que no domino, la vi, volteé hacia ella, ella me vio, me sonrió, me preguntó con la mirada si estaba bien, asistí sin dudarlo, me guiñó el ojo… y sonreí. Otro día, ella entró a su no zona de confort, conociendo a 2006 y a 2009. La noche transcurrió bien, entre cerveza, vino, bandeja y conversaciones sin pausas incómodas. Yo sentado, ella en el otro extremo, levanta su copa, volteo a verla, se ve divina, dibuja una sonrisa en su rostro mientras la copa de vino tinto se acerca a sus labios para degustar el saber de las uvas añejas. La veo a los ojos y mi corazón sonríe…me guiñé el ojo y muero de felicidad. No hay explicación, no hay palabras, no hay forma de saber el por qué o el cómo de todo esto, pero desde ahora simplemente la veré, le sonreiré y moriré de felicidad.
YO