Yo no sé si en lugar de haber estudiado ingeniería, o geografía, Planificación no licenciada, Analista GIS y ahora “arquitecto de soluciones” hubiese sido más feliz trabajando en una cocina como chef mexicano por el mundo con ese scrub blanco y los colores verde, blanco y rojo en el cuello dueño de una Michelín. Una vez, por allá en el año 2004 me enviaron a trabajar a EU para solucionar problemas con los receptores de Alta Definición de Dishnetwork, pero lo que no saben es que en el verano del 2006 me fui a Filadelfia y trabajé en una cocina de un restaurante, aprendí uno que otro secreto culinario que ya se me olvidó, pero la pasé genial.
En la cocina se sorprendieron que un mexicano que entró a trabajar en una cocina de restaurante, “sin papeles” hablara un poco de inglés y luego de que mi amiga fue con el chisme que era ex ingeniero, me vieron con otros ojos, de sorpresa o algo similar, What the fuck are you doing working here man?
He tenido esta idea loca de tener un restaurante, de hacer un farm to table, de atender solamente dos horas con un guisado que dure 20hrs cocinarse y que las cosas estén ahí mismo en la finca. Que tenga sólo un plato siempre o por lo menos los mismos. Pero hasta ahora la tecnología sigue ganando y sigo de ex ingeniero, sin licencia y arquitectando cosas que a veces necesitan mejores soluciones a las que doy.
Ahora, la vida agregó una característica a mi manifestación, la comida. Le encanta comer, le encanta explorar restaurantes, le gusta experimentar nuevos sabores. Algo que disfruto mucho yo también, ella es y será un buen partner in crime, en esos asesinatos comidísticos. Hubo sorpresa, cuando de repente le cuento que hago mis viajes y busco lugares que tengan estrella Michelin para comer, entonces me dice que hay lugares que son geniales y que tienen mención honorífica Michelín, más lugares pa’ checal y engo-dar ¿ve-dá?
La cocina me produce emoción, alguna comida me hace cerrar los ojos, pero hay algo que me tiene flotando, encontrar un paquete todo incluido, la combi completa en un ser que, aunque estamos en proceso de conocernos, la irracionalidad se ha apoderado de nuestro ser. La mejor parte es que, aunque los dos deseábamos tener una nueva aventura un tanto más con la cabeza y menos con el corazón, lo que los encuentros comidísticos han provocado es un mariposeo cabronamente inesperado que siempre me provoca acercarla hacia mí, y eso lo hace doblemente delicioso.
YO