CEVICHITO…

Yo como narrador les digo que la historia va a ser simple. Imagina nos amigos sentados en un restaurante. El bullicio es ensordecedor que para hablar casi tenían que gritar. Estuvieron un momento tratando de controlar las miradas matadoras o el decirle al mesero que les pidiera hablar un poco más bajo ya que el restaurante, aunque era español, no era un aplaza del mercado. El pan con ajo llegó, al mismo tiempo que el agua de carraizo y el menú. Se me antoja el calamar al limón, dijo. Puedo comerlo, le dejó saber.

La cara al primer bocado fue de pura felicidad, no sabe si era la salsa, el empanado o la cocción del calamar lo que lo llevó a cerrar los ojos y degustarlo. Narrador, pst, pst ¿por qué crees que fue una de esas cosas? Me cayó limón en el ojo. Anda, me gusta más mi idea, pero si eso pasó, pues eso pasó. Al momento de probar el calamar, una gota de limón se le fue a los ojos que le hizo cerrarlos. Perfecto narrador, así está mejor.  Como buen restaurante español, las papas bravas y la paella era la especialidad, así que pidieron para compartir.

Creo que le gustas, no para de voltear a verte, a quién ¿a mí? Sí, a ti. En la mesa de enfrente estaba una mujer en sus treinta finales o cuarenta iniciales. Blusa blanca fina, cabello negro recogido en una cola de caballo, bolso al lado de la silla, Mahón deslavado y unas tacas de esas que tienen la suela color roja. Llegaron las papas y la paella, cada quien con su plato se sirve con una cerveza al lado, o una Coca Cola, lo que mejor quede. Ya que sabía que le estaban viendo, presta más atención a la mujer. Cuando estaba a punto de cerrar la boca para comer el camarón que se lo había llevado con la mano a la boca, la mujer con cola de caballo voltea, de algún modo escapa de las palabras y atención de los hombres sentados en la mesa. Las miradas se encontraron, ninguno la esquivó por lo menos unos 4 segundos. Una sonrisa se le escapa y regresa su atención a la mesa.

¿Y por qué me vio narrador? Fluye broder. Le toca el brazo para que voltee, es verdad me está viendo, te lo dije le debes gustar. Ahora ya que sabía que era verdad que lo veían,  comenzó a observarla con detenimiento, estudiarla, por lo menos lo que lograba ver. Otra mirada se escapa. Al parecer tenía muchas horas en el lugar y el vino había comenzado hacer efecto. Estaban levantándose, ella se levanta lo ve, la ve, se ven, sonríen los dos. Estaba acompañada por dos hombres mayores, ambos calvos. Al tomar confianza con las miradas y la sonrisa, ella se separa de los hombres, se acerca a la mesa y le pregunta ¿de casualidad eres de Perú? No existe ofensa más grande que le digan Peruano.

YO

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