Allá ellas…

El plebeyo estaba sentado en una mesa que daba hacia la montaña. Sus primeras letras decían “No hay amor más ciego que el amor a primera vista” Dejé de hacer lo que yo estaba haciendo -que era menear el palito del ‘rum and coke’ que me acababan de servir antes de ponerme a escribir- y lo miré fijamente. No dudo que la incredulidad se hubiese retratado de cuerpo entero en mis pupilas, porque el plebeyo se echó a reír además de poner sus manos sobre las hojas blancas, cubriéndolas. Pone la pluma de ganso a un lado, retira el tintero y voltea hacia arriba. Escritor, por qué estás leyendo lo que escribo. ¿Qué pasa plebeyo, no te he visto en unos días y ahora quieres pasar de plebeyo a escritor? No quiero ser escritor, no me quiero morir de hambre, siendo plebeyo por lo menos tengo la comida del día. Digamos que es un diario. El escritor describe como las termitas en unos segundos consumen la pequeña casa de madrera donde se encontraba el plebeyo y éste se cae al piso. El plebeyo se levanta del piso polvoriento sacudiéndose las ropas. Escritor, era broma. Perdón, lo tomé mal pero no te apures que describiré otra casa más perrona que esa, pero cuéntame, ¿qué te pasa, por qué esas primeras palabras para un escrito?

A continuación, como ocurría en las novelas de Dostoievski -un escritor ruso del siglo XIX, no un cantante de reguetón-, el plebeyo me empezó a despepitar la historia que, según parece, aún le exprimía los jugos del alma. Pero sabes algo plebeyo, vamos a un sport bar y te tomas una cerveza mientras me cuentas, porque según dicen, eso nos hace ver más masculinos, eso es lo que los hombres normales hacen ir a Sport Bars. Pero escritor, estamos en la edad media, eso no existe. Qué se joda plebeyo. El plebeyo empuja la puerta. Los televisores en juegos de fútbol, beisbol, las personas hablando y observando el juego. Mientras el plebeyo entraba a sentarse a la barra y pedir una cerveza de barril, todos se quedan callados y lo observan. Creo que sus ropas no eran las más adecuadas. Se sienta y pide una cerveza. Te cuento escritor, creo que entre más crezca, menos podré encontrar a esa chica que haga que mi corazón baile la macarena. ¿Por qué dices eso plebeyo? Porque he conocido mujeres espectaculares, pero sabes algo, llego tarde. Explícame que no entiendo. Digo que llegué tarde porque muchas de estas mujeres fuera de serie ya habían conocido a alguien antes que a mí y este alguien es un bambalán que las dejó bien jodidas y ninguna quiere saber nada del amor. Todas están dañadas y hablar de confiar en alguien nuevo ni se diga. Qué mal que estés pasando por eso plebeyo y entonces ¿estabas escribiendo para exteriorizar tus frustraciones? Además de gritar en páginas en blanco también estaba evitando pensar que me debo de meter con mujeres de 22, que les falta vivir un montón, para encontrarla sin heridas profundas, ¿está cabrón eso, no escritor, llegar a ese nivel?

Una chica, que estaba sentada al lado de plebeyo observando y gritando de vez en cuando a la pantalla cuando los jugadores hacían algo mal  se voltea y se le queda viendo al plebeyo. La chica era de muy buen ver: piel blanca, ojos negros que en realidad eran café obscuro, cabello lacio y largo color castaño se presenta con el nombre de Leticia. ¿Con quién estás hablando? Con el escritor, está allá arriba, lo ves. Ah sí, hola, qué tal escritor. El escritor le hace una seña con las manos. No pude evitar escucharte mientras contabas tu historia o tu frustración. Sabes algo yo sé de eso, soy una de esas mujeres que creyeron conocer a su medio limón, una de esas mujeres que estaban locamente enamoradas y le hicieron daño y eso es muy fuerte, traumatizaste. Los ruidos de las demás personas eran notorios haciendo inaudible la platica. Leticia y el plebeyo se envolvieron en la plática y en el cuento descrito por Leticia. El escritor se acerca porque se siente fuera de conversación cuando ella termina diciendo En un principio dudé, ya sabes que las malas experiencias te dejan un amargo sabor, además de que es difícil confiar y tratar de no pasar facturas ajenas a esa nueva persona que estás conociendo. Te cuento mi historia porque aunque abundan los hombres tóxicos y dañinos, también quedan buenazos que nos roban el corazón y nos tratan como princesas; me consta. Pero no todas tienen ese modo de pensar que usted tiene, le dijo el plebeyo. Bueno, plebeyo, le dijo Leticia observándolo directamente a los ojos Allá ellas con su moda de no comer rico porque engordan, no amar fuerte por si no funciona o las vuelven a herir y de no arriesgarse por si fallan. Yo vivo.

Al plebeyo tuvo una sonrisa expuesta por una semana…

YO

2 comentarios en “Allá ellas…

    • No es curioso para nada, seguramente eso pasó. Por lo general me gusta agregar cosas que yo leo y me gustan dentro de lo que yo «escribo». Lo que yo no escribo lo encontrarás con letra curvisa y si ya no escribí nada de eso pero me gusto y no sé de quién es no le pongo el YO. Así que sí, seguramente sera de alguien más.

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