¿Y por qué no lo haces?

Cuando esperaba que el semáforo cambiara, camino a su cita médica, agregó el bajo y carros pequeños a la lista de cosas que odiaba. En su corta lista también estaba: Caca de gato, alarma de autos,  señales indescifrables de estacionamientos, cochecitos de bebe doble, colonia para hombre, chicles, bicicletas, hámsteres, camiones de la basura, vecinos, ganchos de acero, controles de  televisión, tarjetas de felicitaciones, chanclas, volantes de promociones, gente sin empatía,  palomas, el Wheter  Channel, olor a meados, mamás irresponsables, llamadas para ofrecerte tarjetas de créditos, números bloqueados, sombrillas grandes, la AMA, JFK, cobrar por usar una ath, tiendas de 99C, personajes radiales, red de contactos, Starbucks, los Nicks, Los malditos Nicks…y Dios.

¿Qué? Puede sentarse. ¿Por qué? Necesito que se siente. Prefiero estar parado. Está bien, quédese parado. Los resultados muestran  un aneurisma cerebral.  ¿Qué? ¿Cuánto tiempo queda? No lo sé. Claro que sabe, está en su cara, sabe… ¡DIME!  ¿Cuánto tiempo? No sé. ¡CUÁNTO!, dame un número. 90 minutos. Aunque él sabía que 90 minutos era ilógico, entre más pensaba en el diagnóstico de la doctora, la maldición de ella, más la consideraba. ¿Y si es verdad? ¿Y si pasa?  Sabía que existían 5 pasos para considerar la muerte.  Enojo era uno, ¿Negación era otro? ¿Qué negaba? ¿Los 90 minutos? ¿Qué tal si él, YO fuera a morir a las 6:22?  ¿Qué carajos debería estar haciendo ahora?

Una persona, un cliente acaba de descubrir que le quedan 90 minutos de vida, qué debo de decirle, ¿qué le recomiendo? Sé lo que haría yo. Lloraría, pero solo por los primeros 20 minutos, luego iría al sitio de masaje tailandés en NY por una mamada, quizá dos.  Estaba dispuesto a hacerle el amor a su esposa por última vez. Pero tenía preocupaciones. Primero, no recordaba la última vez que lo habían hecho. ¿Hace un año? Quizá más. También se preguntaba cuál sería la posición adecuara para la última vez. Suponía que ello involucraría acurrucarse. Había leído que los condenados a la pena de muerte piden un sándwich de mantequilla de maní con mermelada como su última cena. La posición del misionero equivalía a ese sándwich en el plano sexual. Y claro, quedaba la mayor preocupación de todas. No sabía si la bandera lograría izarse.

Oficial, hace más de una hora este taxi chocó mi auto.  Luego fui al hospital y la Dra. Gill me dijo que tenía un aneurisma cerebral y que me quedaban 90 minutos de vida. ¿Por el choque? No, ya lo tenía, ahí me enteré. Luego fui a mi oficina, y un señor contó un chiste de un tipo que tuvo sexo con su esposa por última vez. Me pareció buena idea ir a casa a intentarlo con la mía. Fui, y mi esposa estaba sentada con el vecino. Resulta que tienen sexo hace tiempo y yo no tenía idea. Salí de allá y fui a Juniors, donde había invitado a mucha gente para despedirme y solo fue un tipo que estaba enojado conmigo por robarle a la novia en secundaria ¡a  quien ni siquiera recuerdo! Calma. Fui al frente a comprar una cámara de video a un tipo amable. Un buen tipo, no es el vendedor más rápido, pero buen tipo. Le pedí a un indigente que me grabara hablándole a mi hijo, para despedirme. Me alteré porque tras estudiar derecho decidió ser instructor de baile y no abogado. ¿El indigente? No, mi hijo. Yo había imprimido tarjetas, pero ¿qué hacer? Me alteré y me desmayé. Al despertar salté del Puente de Brooklyn. Ahí fue que ella apareció, saltó al río Este, me sacó. Por eso estamos mojados. Nos recogió el taxista que me había chocado. Ella le echó gas lacrimógeno, y así tomamos este taxi.  Raro, ¿no? No bromeaba cuando dijo que necesitaba cirugía del cerebro, eh!

¿Qué hora es? 7:22 y notarás que sigues vivo. Qué bueno. ¿Te gustaría saber cuándo vas a morir? No. Pero si supieras ¿qué harías si supieras cuánto te queda? (…un silencio…) Intentaría descubrir cómo ser feliz. ¿Por qué no lo haces? ¿Y por qué no lo haces?…quizás lo haga.

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