A veces me sorprende cómo las pequeñas cosas son las que te sacan la sonrisa del día y en esta ocasión fue 4 onzas de caldo de pescado. El día comenzó a las 10 am cuando me levanté. En realidad los ojos estaban abiertos desde las 6, porque ni en fin de semana pueden esperar más tiempo para abrir. Baño, cambio y batida para bajar. Me encuentro a mis amigas abajo, las tres reunidas en su tertulia mañanera. ¿Y a dónde vas? Voy a Río Piedras, a la iglesia y a cortarme el pelo. Se ven entre sí mis tres mejores amigas con cara de preocupación y una de ellas coloca la mano sobre mi frente ¿Estás bien mijito? Me río asintiendo. Qué te vaya bien, qué bonita camisa. Gracias. Parece que mi estilo o gusto está mejorando porque van dos camisas alagadas. Me quedo parado observando la entrada de la iglesia por un minuto dudando en dar el siguiente paso. Cuando me atrevo a darlo, al tocar el piso del interior un ruido parecido al que escuché en el temblor de La Paz apareció. Parecía que la iglesia no estaba lista para mi regreso y se iba a derrumbar mientras pedazos de escombros caían como lluvia. Eso me sacó de onda un poco. Al volver a la realidad y quitarme la película de la cabeza de esta lucha entre el bien y el mal por entrar a la iglesia me di cuenta que estaban haciendo arreglos a las paredes de la iglesia y que la máquina utilizada hacía el ruido maligno y los escombros eran los pedazos de pintura que estaban quitando de la pared. Me persigno y me siento. En mi mente comienzo a hablar y contarle todo lo que había pasado desde la última vez que nos veíamos. Después de hablar de mí le digo A lo que vine, le doy unas gracias especiales y la recomendación pertinente, luego le hago la pregunta ¿Y qué, todo bien contigo? Y escucho un SÍ. Salto del banco donde estaba sentado, asombrado por la respuesta pero de nuevo era el chico de mantenimiento hablando por celular. Corte de pelo, llamada, Vamos a comer (me dice ella), Sí que tengo hambre. Vamos a un lugar que está en el parque central, Qué Pescao´ se llama. Regalan el vaso de caldo que inmediatamente después de olerlo me da un flashback de mi casa, la casa de La Paz, de mi familia. Llamo al llegar por ese homesick momentáneo que me dio. Parece que hacía varios días que no hablaba, desde que se reunió la familia y me hablaron por Skype todos. Me dan la noticia que mi tío que estuvo mal de salud, luego bien de salud, murió e hicieron un viaje relámpago al entierro. Después la primera reunión de la idea tuvo éxito y me gustó el grupo de trabajo reunido, estas noticias me hacen pensar si no debería disfrutar más de mi familia ahora y luego hacerme cargo de lo que yo quiero.
Mañana, bajo el mar.
YO