Salseando la vida

A través de la historia hombres han hecho cosas buenas y otras no tanto a causa de una mujer. Paris, “enamorado” de Helena de Esparta, se la lleva a Troya, sin importarle nada. Desata una guerra. Hitler, quedó traumado por un desplante que le hizo una vecina judía y, bueno, ya sabemos lo que pasó. Entonces varios años después llega YO a Puerto Rico, siguiendo a una mujer. Si no fuera suficiente esta acción, que no terminó bien, un año y medio después de terminada otra relación, este mismo personaje hace otra loquera (para su pensar una loquera bien loca dado a su falta de coordinación motora). Para dar una sorpresa a otra mujer que le encantaba bailar salsa, se mete a sus primeras clases de baile, por primera vez iba a utilizar sus piernas para otra cosa que no fuera caminar, sino moverlas con un poco más de ritmo. Nunca se ha arrepentido de nada hasta el momento y cree que este paso ha sido el más importante en mi vida, ha sido lo mejor que le ha pasado. No se puede esperar mucho de un mexicano del norte con una familia poco típica y que sus papás son más arrítmicos que él. No es  que aprendiera a bailar bien cabrón pero por lo menos da su paso para adelante y para atrás, y con eso se da por bien servido.

Resulta que todas sus amigas-pareja de baile que ha tenido a través de su experiencia bailística se han ido del país y como no es de estas personas que le habla a las mujeres y las invita a bailar dado a su extrema timidez, pues ya no baila mucho. “Quiero bailar, vamos” “mañana trabajo, pero sí, vamos”.  Fue ahí que recordó lo mucho  que lo disfruta al iniciar esa canción de Justo Betancourt (sí, porque ya sabe que hay más cantantes de Salsa y no todo es El Gran Combo). La toma de la mano, y pone la otra mano en la espalda, y ahí está con su paso hacia adelante y para atrás dejando que la melodía lo mueva, sintiendo el beat y dejándose ir, metiendo ese ritmo en su alma y dejando que la música lo llevara a donde quisiera, donde se quedara atorado y no lo dejara salir. No importa lo ridículo que se viera con sus pasos siguió bailando y subiendo el volumen en su mente ya que es todo lo que tenía y lo iba a usar. Sudados y sonriendo, felices porque tienes que bailar como te dé la gana, sin que nada ni nadie te importe, bueno sí, tiene que procurar no pisarla ni tirarla, por lo demás, que se joda, que te vean sonriendo y disfrutando, por lo menos no brinca como gringo loco en el Nuyorican sino que tiene su estilacho, adelante, atrás. 1, 2, 3…5, 6, 7.

YO.

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.